El éxito de cualquier programa de gobierno se mide por el bienestar de la gente, la misma regla se puede usar para medir la temperatura de candidaturas partidarias, si sólo desean la millonaria deuda política, o algo más, la fortuna que cada año despilfarra Juan, no esperamos que sean sinceros para plantarse y persuadir a quien corresponda la rápida transición de Hernández y sus militares.

 

EDITORIAL

Costo político de pesadilla social

 

Juan está desquiciado con su rol de gobernador gringo, hasta lo inexplicable, presentarse como enemigo de Hezbolá y anunciar la captura de peligrosos iraníes entrando a Honduras. Así no se puede.- Que se crea pieza geopolítica global es el colmo de lo malo en que está la administración del Estado. Este señor tiene cabeza de quinceañera, nunca pensó en el país, menos en las penurias de los hondureños, sino en el vestido rosa para la tarde de amigas.

 

Es triste decirlo, pero la economía irresponsable, el desorden social, el crimen galopante y la miseria extrema no se solucionará con la salida de Juan, pero imposible iniciar la recuperación mientras no se largue. Hay daños irreversibles, sólo el año que recién terminó asesinaron más de 4,000 compatriotas y 2020 se perfila peor, ¿cómo resucitarlos?, los últimos cinco años han sido rezo de mentiras en indicadores económicos, con repunte de pobreza y de plagas que, antes controladas, no eran problema como el dengue, ahora plusmarca 2019 por cientos de miles infectados y centenares de muertes.

 

Esto tiene que ver también con una desesperada sociedad que destruye y se autodestruye a cada día minuto resultado de una autoridad pública débil y sin credibilidad que ya no pudo sacar a flote Honduras y que todos sus proyectos fracasaron como ilusorias bombas de jabón. Un ejemplo es la emergencia energética. La voz de la empresa que resolvería los problemas del servicio de energía, EEH, es la de un socio aventurero y atontado sindicalista con paralela gremial en la ENEE; el análisis técnico financiero lo da un funcionario que deja su desayuno en Washington para hablar a medios de comunicación en Tegucigalpa, donde un exgerente de la estatal propone al aire y sin poder las soluciones a los periodistas, mientras los industriales sugieren un plan de rescate privado en redes sociales. Todos recomiendan una estrategia sectorial al invisible y sordo gobierno.- El mismo atolladero está en todos los temas de Nación.

 

Juan y su orquesta de asesores de pacotilla, poco valor, deben correr ya a sus lugares de donde nunca debieron salir. Honduras y la mayoría de su pueblo no puede cargarlos más. Dirán que no, que se alistan para comerse 155 mil millones de lempiras del presupuesto de la república 2020. Pues bien, la pregunta obligada para la oposición política, ¿para qué quieren tomar un gobierno endeudado y en ruinas? ¿Si la promesa de campaña es romper las cadenas del pueblo, por qué esperar dos años, por qué no parar ya la destrucción?

 

El éxito de cualquier programa de gobierno se mide por el ambiente de felicidad y bienestar de la gente, la misma regla se puede usar para medir la temperatura de candidaturas partidarias, si sólo desean la millonaria deuda política, o algo más, la fortuna que cada año despilfarra Juan, no esperamos que sean sinceros para plantarse con método y persuadir a quien corresponda la rápida transición de Hernández y sus militares. Si callan, la población debe dejarlos afuera en las urnas. Gobierno como elefante en vitrina, son adorno muy caro.

 

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