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“La república se convierte de pronto en semillal de dialogueros... Sumos mediadores para la crisis aparecen cuando la movilización ciudadana toca fondo, se encrespa y rebela, pues amenaza los privilegios e intereses de quienes explotan y expolian a la sociedad, que ya ven cómo se incendia la estopa que por décadas mantuvieron enfriando para que no prenda”, analizan pensadores hondureños, cuyo texto original publicamos aquí.

 

Coraje, hondureños... La endemia corrosiva del virus neoliberal se llama corrupción y mina a la sociedad. Si no se le detiene ocurre el peligro de que infecte al alma de la república y Honduras deje de ser el sueño que los próceres idearon: un ente comunitario con anhelos de democracia y bienestar. Doble llave al pasado bipartidista, el futuro es irrenunciablemente hoy.

 

 

 

EL LIBERTADOR

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Basta un estudiante de medicina para diagnosticar el cuadro de salud del sistema político hondureño: deterioro generalizado e insuficiencia ética en condiciones de crisis severa.

Desde 2009 se le expandió el mal de la corrupción por el árbol linfático, lo que llaman metástasis, contaminando al organismo todo, o sea al Estado y la sociedad.

 

Quedan algunas municipalidades, organizaciones comunitarias y gremios, escasos espacios anatómicos libres de riesgo, pero están altamente expuestos a la septicemia del cachurequismo, que es como un factor genético que hace que el espíritu reaccione negativamente ante la honestidad y el progreso.

 

Si las defensas del ente social no se activan y reaccionan contra el embate de los patógenos políticos descontrolados el Estado mismo entra en peligro de gangrena. Urge por ende desarrollar un potente tratamiento de emergencia que desafíe al peligro, para lo que se recomienda acudir al mejor grupo consultivo para esa labor y congregarlo en torno a una propuesta de transición que dirija las prevenciones y curaciones oportunas, pues incluso una cirugía mayor es siempre preferible a la extinción del paciente.

 

El hipotético alumno no ha expuesto, sin embargo, las características socio culturales del enfermo. No ha dicho, para el caso, que esos patógenos políticos –constituidos en élites y mafias– han desarrollado tal histrionismo cínico, tan voluminosa capacidad de mentir, que ni arrugan el ceño.

 

El secretario de turismo asegura que ingresó a Trujillo en semana santa una horda vacacional  de millones de personas, cuando la ciudad apenas si resiste los visitantes de un avión común; el ultra conservador COHEP afirma que las protestas de calle ocasionan 1,500 millones de Lempiras en pérdidas... ¿Ah sí? ¿Es ese el volumen de gestión financiera que los comerciantes de la zona manejan al día? ¿Nos permiten atentamente compararlo con su diario registro de impuestos y su declaración mensual a la SAR? ¿Seguros de que no existirá  discrepancia y que no echarán la culpa a los partidos políticos de resistencia, alegando que se trata de conspiraciones o intrigas que buscan perjudicarlos…?

 

El practicante médico tampoco verá, por concentrarse en signos anatómicos, el cuadro psicótico del enfermo gubernativo: la mente de este es la del criminal a quien asedia la culpa, la que procura ocultar mediante leyes favorables al narcotráfico y el crimen, o tras las pantallas no siempre efectivas de la manipulación desde el congreso, donde se aprueba contratos, exenciones y concesiones terminantemente transgresoras de la ley, hasta que un día próximo emerjan del pueblo gobiernos honestos que pongan ante la justicia los múltiples casos de cohecho, lavado de activos, abuso de autoridad y corrupción de estos malevos administradores del Estado. 

 

La aparente pasividad del hondureño que contempla estos sucesos no es cobardía sino conciencia fraguada, fe en que tarde o temprano, contra viento y marea, luna o sol, la justicia llega y se instala incluso sobre el sepulcro de la historia para denunciar y verificar la verdad.

 

Nadie escapa al dedo acusatorio, y usualmente justo, del pueblo.

Las defensas de esta sociedad en riesgo tampoco funcionan mal, no hasta el momento. Luego de un activo período de combate en 2009, y del resurgimiento de la voluntad de resistencia en 2017, tras la fraudulenta elección, resistencia que por diversos modos adormeció la acción maquiavélica del gobierno de JOH y sus adláteres militares, financieros,  evangélicos y mediáticos, apoyada por la hipocresía de Estados Unidos, renace hoy una oposición decidida y consciente. 

 

Otra vez, como hace diez años, la policía opresiva retrocede en las calzadas, arrinconada por una fresca generación que aprendió ya a defender con más que palabras sus derechos constitucionales. Como que entiende ahora que una sana economía, y los beneficios que un Estado responsable se obliga a proveer, se aseguran con la fuerza o se diluyen y extravían.

 

Futuro comprometido

Quienes suscribimos esta carta de análisis no seremos quienes pagarán, en la década de 2020, los altísimos costos de vida que la pirámide del cruel neoliberalismo eleva ya en Honduras gracias a las complicidades de “la embajada”, del BM y el FMI. En 2025 un apartamento para enamoradas parejas costará 300% más que hoy; comprar un auto significará dos décadas ––¡veinte  años!––  de hipoteca personal; suscribirse a programas de  educación superior implicará endeudarse de por vida, dados los aplastantes cobros financieros previsibles. Entre más joven sea la población laboral más baja será (indecentemente) la oferta salarial. A ello contribuye la perversa sed de plusvalía que exhiben las empresas, que contratan cada vez más a jóvenes a fin de aligerar los compromisos laborales y pagar exiguos salarios. Ese es el tipo de contaminación inmoral  con  que  el  régimen  va  día  a  día  infectando  a  la  sociedad, minándola y deteriorando sus tradicionales principios y valores.

 

La hipocresía como hábito

El mandatario violó la Constitución republicana y cierto porcentaje de la empresa privada no protestó. Se violentó la selección de magistrados a la Corte Suprema y la ANDI apartó la vista hacia otras partes. La CCIT disimuló la falsa escogencia del nuevo —que es el mismo— fiscal. Se produjo un fraude espantoso, cínico y químicamente ilegal, y el COHEP mantuvo silencio. La “embajada” no sólo avaló los falsos datos de concurrencia electoral sino que participó en las asesorías manipuladoras de censos y votos, existen archivos de tal felonía.

 

En aquel entonces ninguno de ellos —a pesar de las probadas y groseras agresiones al texto constitucional—  solicitó se dialogara para remendar los adefesios jurídicos. Hipócritas comerciantes e industriales acudieron unánimes para vitorear jubilosos al mini führer golpista Micheleti cuando los convocó a Expocentro —hay abundantes fotografías—, mismos que ahora resienten que la población reclame su máximo derecho a la insurrección por la libertad.

 

Hoy que el pueblo ocupa las calles y protesta y lanza piedras contra balas, y consignas contra lacrimógenas, y justicia contra maldad, no sólo las organizaciones arriba citadas sino evangélicas, confesionales, gremiales burguesas y periodísticas, así como improvisados “analistas”, olvidan que ellos originaron este desastre hace diez años y que por ende carecen de respeto para inferir que los problemas de Honduras van a resolverse con oraciones o sólo diálogo. 

 

La república se convierte de pronto en semillal de dialogueros... Sumos mediadores para la crisis aparecen cuando la movilización ciudadana toca fondo, y se encrespa y rebela, pues amenaza los privilegios e intereses de quienes explotan y expolian a la sociedad, que ya ven cómo se incendia la estopa que por décadas mantuvieron enfriando para que no prenda.

 

Y son además cínicos en el planteamiento, pues en vez de reclamar objetivamente que el rapaz gobierno cese de trampear con los decretos de la discordia, sitúan en igual condición a los contendientes. “Que dialoguen”, predican los engañadores sofistas; “que desistan de intereses personales”, como si los gremios de educación y salud deban consentir que se transgreda el principio noble del bienestar social. Es imposible dialogar cuando una de las partes impone para el consenso, revólver en mano, su onerosa condición. 

 

Coraje, hondureños... La endemia corrosiva del virus neoliberal se llama corrupción y mina a la sociedad. Si no se le detiene ocurre el peligro de que infecte al alma de la república y Honduras deje de ser el sueño que los próceres idearon: un ente comunitario con anhelos de democracia y bienestar. Doble llave al pasado bipartidista, el futuro es irrenunciablemente hoy.

 

¡País insurrecto!

 

Junio 10, 2010

 

Ismael Moreno, Sj 

Darío Euraque   

Víctor Meza

Helen Umaña

Rodolfo Pastor Fasquelle

Eduardo Bähr

Patricia Murillo

Wilfredo Méndez

Hugo Noé Pino

Mauricio Torres Molinero

Ramón Enrique Barrios

Leticia Salomón

Marvin Barahona

Joaquín Mejía

Rafael Del Cid

Mario Ardón

Rafael Delgado

Julio Escoto

 

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