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La persecución está declarada contra quienes comparten los signos, y muchos se esconden. Jesús ha ordenado que busquen un lugar para celebrar juntos la cena de la fiesta. Ahí estará la moneda para pagarlo, el pan….Judas, no te preocupes.

 

 

 

Rodolfo Pastor Fasquelle

EL LIBERTADOR

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Aquí más bien vamos hacia el desierto.- En Tierra Santa en Marzo, ha llovido y los desiertos han reverdecido y se han llenado de anémonas encarnadas. Arden las calles de Jerusalén en donde todavía no había buganvillas sobre los muros de piedra y tierra y las copas de las palmeras están cargadas de dátiles dulces.

 

Barrabás ya está preso y los dos ladrones, atrapados en medio de la fiesta. Precedido por su fama de médico milagrero, que devuelve la salud a las enfermas, la vista a los ojos ciegos y aun la vida a los cadáveres de sus amigos, el santo Nazareno que predica el amor como panacea entra por la Puerta grande de la ciudad, la misma por la que entran los reyes luego de famosas victorias. (Acaso solamente sus seguidores saben que ha triunfado sobre el diablo.)

 

Va montado sobre un asno pringado prestado y rodeado de sus discípulos desarmados. El poderoso Rey Herodes Antipas lo quiere muerto, porque sin mucho decir cuestiona su legitimidad y reivindica a Juan su primo injustamente decapitado en Maqueronte.

 

Y el aún más poderoso gobernador militar Ponce Pilatos y el Imperio también, lo quieren muerto, es un alborotador, no conviene que haga olas peligrosas. El Sanedrín lo quiere muerto porque es un liberador de la conciencia, un simplificador de la ley, y porque denuncia su hipocresía.

 

Ya han entrado los sacerdotes en contacto con Judas I, el tesorero del grupo, frustrado porque nunca alcanza, y no hay ni para terminar de pagar la cena pascual que ha encargado el maestro, de borrego con vino y pan con aceite y hay que andar buscando el pisto en el suelo. (Le van a terminar dando por él, enanas horas, treinta estaderos de plata sellados con el rostro del divino Cesar, lo que vale un esclavo, un terreno en las afueras de la ciudad que el templo va a comprar con el dinero devuelto, aunque el suicida pedía un poco más, por entregarlo con un beso.)

 

Consciente de su origen, sus hazañas, sus señales y su doctrina, la muchedumbre lo aclama de bienvenida como el Mesías y como Rey de los Judíos…le canta el Hosanna y promete adhesión ciega. Los peregrinos baten palmas y las tiran en su camino, junto con sus mantas y capas finas, bajo los pies de su humilde montura, silba estruendosamente y garagolea el alarido del júbilo de las tribus.

 

Han venido con él o al mismo tiempo que en él en pos de santidad, los bautizados. (No es la misma voluble masa de gente descreída, plebe urbana indiferente que al final de esa semana inducida por los sacerdotes que lo acusan de blasfemo, va a clamar a los soldados que lo crucifiquen.)

 

La persecución está declarada contra quienes comparten los signos, y muchos se esconden. Jesús ha ordenado que busquen un lugar para celebrar juntos la cena de la fiesta. Ahí estará la moneda para pagarlo, el pan….Judas, no te preocupes.

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