¡Ver y oír al Canciller de EUA ex director de la CIA “Mike” Pompeo pedirle a la Congresista Norma Torres que le permita decirle en secreto lo que sabe de la relación entre el Presidente Juan Hernández y su hermano reo por narco! ¡Y ver al día siguiente su lista cuidadosa de corruptos en que no figuran Tony, ni Rosa!

 

“A un Año de Gobierno, Manejo, percepción e impacto de la impunidad, corrupción e inseguridad en Honduras”, es un trabajo publicado en febrero de 2019 por CEDOH, con aportes de Leticia Salomón, Eugenio Sosa, Lisbeth Guerrero, Edmundo Orellana, Thelma Mejía y Mirna Flores, y coordinado por Víctor Meza.

 

 

Rodolfo Pastor Fasquelle

EL LIBERTADOR

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El CEDOH publica un libro con ensayos de lo acontecido durante el pasado año aciago de 2018, primero de la dictadura de J. Hernández. Ensayos firmados por varios de nuestros colegas más esmerados y coordinados por Víctor Meza quien nos ubica en la coyuntura ahora que, pese a los alegatos optimistas, las cifras sobre avances y los sensibles progresos que pregona el gobierno, se van a cumplir diez años del Partido Nacional en el poder con un estado deslegitimado.  Y más pobres, dice FOSDEH que los que dejaron todos los gobiernos liberales. Obra que, pese a su brevedad y su discurso académico, conceptuoso, termina por ser estremecedora para un lector que se disponga bajar a sus más frías profundidades. Renunciá Juan Hernández. ¡Tené pena!

 

Redactado esencialmente con información pública de referencias hemerográficas, el libro pasa revista a los escándalos revelados durante el año recién pasado y dados a conocer oficialmente por el CNA y la UFECIC alentada  por la MACCIH, instancias que los autores coinciden en certificar, incluso frente a interrogantes de opositores, como cruciales y de cuya continuidad, estiman, depende un avance continuado en la materia.

 

Cada uno de los autores se concentra en tareas de su expertisse. Leticia Salomón enfoca los controles que el gobierno y sus socios han impuesto para contener la indignación colectiva. El control político, que se ejerce jugando con los partidos (te lo doy y te lo quito) y sus derechos, el control social, por la vía de los programas de asistencia y de movilización. El control mediático que comienza con el ocultamiento y se despide en la propaganda incluso cínica. (Ningún periódico, o noticiero de radio o televisión nacional reporta por ejemplo que el canciller de EUA evadió expresar confianza en JOH ante su Congreso.) Aunque paralelamente con sus limitantes observa Lisbeth Guerrero, las redes ya desempeñan un papel trascendental y ponen de manifiesto una rebelión contra los medios hegemónicos, y un novel auditorio.

 

Salomón señala asimismo el control religioso usado para hipnotizar y desviar la atención, desmotivar las manifestaciones populares y tranquilizar los ánimos de una ciudadanía que termina desentendida. Y toma nota de la falta de liderazgo capaz de sortear ese control, no digamos aprovechar la inopia del Estado asustado. Thelma Mejia hace un recuento de los escándalos que salieron a flote y revelan un Estado degradado. Después de la Red de diputados, la Fe de errata, Caja Chica de la Dama, Caja de Pandora. Caja Chica del Hermano Mayor y extradición del Menor. 

 

Subrayan varios la significancia de haber dado con las redes en vez de incidentes de corrupción y Thelma el susto tremendo que le han dado las judicializaciones de estos delitos a la clase política (con señalados en cinco partidos) y al gobierno que ha respondido a cada cuestionamiento con una Comisión de Intervención, hasta terminar con la OABI que se interviene sola, con un estado Intervenido. Y al final –advierte– la  peligrosa consonancia de voces oficiales contra la MACCIH.

 

Eugenio Sosa se aboca al ámbito internacional para comprobar que la comunidad mundial manifiesta el mismo nivel de desconfianza en el Estado cautivo e igual percepción de impunidad e indiferencia ante los derechos humanos que los sectores informados de la opinión pública nacional, sin explicar ¿porque sigue incólume el apoyo gringo al régimen y al hombre? Es fascinante colocar el tema en perspectiva histórica. Carias, OLA, Álvarez Martínez. ¡Protegidos del yanqui!

 

Porque estamos hablando de un régimen, un sistema y lo que se ha estado dizque descubriendo, y judicializando son comportamientos derivados de viejos conceptos del estado patrimonial de los partidos, que venían arrastrándose de manera consuetudinaria y perfeccionándose desde poco después de instalado el nuevo sistema operativo en los 1980s. Hoy reparamos en él y lo juzgamos con más rigor.  Pero ahí adentro, todo el mundo  que es mundo lo entendía como el trámite, casual con poca o nula oposición hasta que, luego del golpe de estado de 2009, nos cuestionamos los viejos y se constituyeron partidos nuevos. Mientras que el poder  ensoberbecido se extralimitó, dejó de ser un simple usufructo para derivar en una instrumentación sistémica del poder para sacar provecho particular. Y provocó nuestra novel reacción.

 

Así era antes. Justo a estos desvíos de fondos públicos para hacer campaña se resistía Mel Zelaya cuando -en Octubre de 2008- se rehusaba a presentar el presupuesto del año político. Y ordenó al gobierno valerse de una ley que permitía operar con el presupuesto anterior, sin darles donde robar. Pero entonces se le veía como ¡atentado contra el orden legal! Y aun hoy no falta quien lo reclama como falta. De igual modo –paradójicamente- hoy los corruptos de entonces quieren ampararse en el debido proceso que se pasaron por alto o bajo, para dar el golpe. El jurista Edmundo Orellana aborda justamente la temática desde la óptica de la ley, su discurso normativo, formal, la invocación perversa y la fabricación y anudamiento de leyes para la impunidad.  Y alcanza a sonreírse de la hipocresía, aunque no queda claro si vislumbra una salida ante el blindaje de la corrupción.

 

Quizá no hay. Aunque ahora invoque el precepto quien busca evadir responsabilidad y escapar de rendir cuentas, yo coincido con la invocación, defensa y aun la restauración del… que no supe en que momento de la deriva se perdió… principio de presunción de inocencia, piedra angular del pensamiento legal liberal. A nadie se debería tratar como culpable porque haya una sospecha, porque la exponga un tercero, o aún se le formule una acusación, sino solamente luego de que, en un proceso limpio se le hubiese demostrado culpa y dolo, más allá de duda razonable. La pérdida de ese principio de jurisprudencia era un retroceso. Y hay toda una novelería legal que cuestionar.

 

Todos entendemos que –antes– el sistema judicial estaba expuesto a la parálisis más bien por una presunción del poder impune y que alguna garantía debe darse la sociedad para resarcirse de daños por actos criminales. Pero seguro que se debe reformar la ley de extinción de dominio y eso que llaman aseguramiento de bienes por presunción de culpa (que es lo contrario de lo preceptuado arriba) a manera de que estén realmente seguros esos bienes mientras culmina el juzgamiento y se extinga el dominio solo después de una sentencia inapelable. Y no que proceden primero a tomar bienes ajenos sin quien los custodie y después a formular una acusación improvisada, de infracciones supuestas que se resbalan a la conjetura y al infundio…. ¡Eso era lo que se acostumbraba hacer contra los adversarios políticos en el siglo XIX, con las penas confiscatorias, aplicadas en juzgados ad hoc! y prohibidas después en nuestras constituciones más congruentes. Un cuestionamiento análogo hay que hacerle a la idea de que necesitamos la asistencia internacional a perpetuidad porque nuestro propio sistema de justicia es irredimible. Entonces habría que renunciar de una buena vez a la soberanía. 

 

Y hasta a la mayoría de edad. Mientras los diputados conspiran para extinguir la ley de extinción de dominio que hasta ahora acusan de inconstitucional El Presidente de la Corte Suprema, Abogado Argueta escogido –y no podía ser de otra manera– de la mano del hombre (como el Fiscal Chinchilla) y elegido a esa magistratura con votos venales expresa –y conceptualmente esta en lo correcto– que la Misión de la OEA fue un mecanismo temporal al que se recurrió en virtud de una coyuntura especial, de falta de credibilidad institucional. El País tiene que al menos aspirar a prescindir en un futuro de la tutela extranjera para confiar en sus instituciones. Pero el Presidente Argueta insinúa que ese futuro podría estar próximo o a la vuelta de la esquina, mientras que los autores calificados de este libro nos advierten justamente lo contrario.  A saber,  como mencionamos, que de no ser por la independencia de la Misión, la fiscalía especial no tendría la capacidad relativa que le ha permitido avanzar con los casos emblemáticos de redes de corrupción.  Se ha avanzado mucho en calidad anota E. Orellana, pero poco en cantidad, aun.

 

Y mientras no se aseguren la independencia total de jueces y fiscales, y falta mucho para eso, seguiremos necesitando de la asistencia exterior y sería una hipocresía y un retroceso renunciar a ella. De modo que el concierto de voces pidiendo revisión del Convenio de la Misión solo presagia la pretensión de la clase política aterrorizada (o régimen de empautados) de dejarlo vencer, y desfilar su cruzada… a vida mejor.

 

Porque frente a estos avances hay que decir que históricos, lo que destaca es la reacción -entre que histérica y paradójicamente concertada- de búsqueda de blindaje, explican los autores, y el afán de impunidad de la clase política, en el Congreso en donde se han generado leyes perversas. Por ejemplo la que prohíbe a la instancia que la sociedad se da para ese fin, la fiscalía de proveniencia vigilada, prohíbe  investigar las acusaciones antes que otra instancia (el tribunal de cuentas, burocrática, de nombramiento partidarista) hubiera dictaminado lo correspondiente en un periodo de años que caminan hacia la prescripción. Y asimismo, blindaje e impunidad procurado en La Corte que actúa contra ley, cuando ampara al ciudadano que circunstancialmente preside la legislatura y  quizás a sus principales oficiales (a otros no) contra la investigación misma. Y obliga a la fiscalía a informar sobre sus investigaciones cuando todavía no dispone de los elementos vulnerables de prueba. ¡Renuncien todos, hombre! ¡Tú primero Juan!

 

También Trump lo exige, después que se ha dado cuenta de cómo JOH le manda las caravanas que lo tienen aterrado. Y exige prisión para Tony y reos más.

 

Y ahí justamente es donde la mula botó a Genaro. No van a renunciar, aun frente al consenso que descubre Lisbeth Guerrero contra la dictadura reprobada, porque tienen al Actívate y a las FFAA y la invitación de la Fulton. En cuanto a que la población es presa de la desconfianza en general contra la política, pienso que lo es más exactamente frente a los políticos, porque justo la indignación condensa una politización sin precedente (una comprensión de lo político  y de nuestra ineludible relación con ello) que se resume en el reclamo casi universal de Fuera JOH. Un objetivo dice,  en que muchos coincidimos… aunque solo podría ser el comienzo de una renovación obligada, profunda.

 

Ningún ciudadano honesto que no lo sepa todo ya puede darse el lujo de dejar de leer alguno de los mil ejemplares que se imprimieron de este pequeño texto de 165 paginitas. ¡Ahí está casi todo! ¡Saciaos!

 

Porque dicho en palabras que entienda todo el mundo, algo huele a podrido en Honduras, y la corrupción es un pacto con el diablo quien -mientras lo dejan- aporta poder, riqueza y protección que es impunidad, a cambio de las almas de los tuyos. Rosa en la cárcel y varios ex ministros. La hermana desaparecida, el hermano en las ergástulas del gringo. No se sabe quién sigue. Ni que cosa puede pasar en y con un Estado deslegitimado descompuesto, intervenido, degradado, asustado, paralizado incapaz de otra cosa que matar.

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