Es ley natural que todo se degrade para que de nuevo de la muerte nazca la vida, por ese proceso transita de manera inflexible toda existencia, organismos, instituciones, seres humanos, el pensamiento y las ideas, pero hay quienes con toda ventaja de triunfo, firman su bancarrota, con mano propia, como está pasando con Estados Unidos en todas las regiones del mundo. Recientemente perdió en Afganistán y todo indica que más adelante también Honduras reclamará igualdad y libertad, se asfixia por tantos años a los pueblos que al borde de la extinción gritan “Patria o muerte”.

 

EDITORIAL

 

Jaque a EEUU en Honduras

 

Existe un afán premeditado por hacer del ataque al pueblo hondureño, una ofensa tan enorme, que nos sobra para compartirla en todas los lugares de la tierra y aún nos quedaría suficiente reserva como recuerdo en los siguientes siglos y generaciones.

 

Pero todo pasa y pasará, así como aquella tarde del 16 de diciembre 1773, en Boston, los colones ingleses inmigrantes en América, agobiados de la bota militar y cansados de pagar cada vez más impuestos al Reino de Gran Bretaña, arrojaron al mar la carga de té de tres buques británicos, de donde nació la celebración del “Tea Party”. Fue un acto de protesta de humillados contra el esclavismo que les imponían desde Europa y se considera un precedente de la revolución de independencia de Estados Unidos.

 

Es ley natural que todo se degrade para que de nuevo de la muerte nazca la vida, por ese proceso transita de manera inflexible toda existencia, organismos, instituciones, seres humanos, el pensamiento y las ideas, pero hay quienes con toda ventaja de triunfo, firman su bancarrota, con mano propia, como está pasando con Estados Unidos en todas las regiones del mundo. Recientemente perdió en Afganistán y todo indica que más adelante también Honduras reclamará igualdad y libertad, se asfixia por tantos años a los pueblos que al borde de la extinción gritan “Patria o muerte”.

 

Habrá incrédulos más adelante que les costará aceptar como cierto lo que con impotencia y vergüenza hemos vivido en carne viva los hondureños de esta época, ¿creerán que hubo un gobernante que nunca ganó elecciones limpias, se reeligió en el cargo pisoteando la prohibición constitucional y quería seguir por tercera vez sin ser candidato, y ante el tremendo miedo de él y sus socios conspiraba contra el cambio de Gobierno?

 

¿Podrán asimilar que fuimos el país más peligroso para habitar en la tierra, no había justicia y el territorio se convirtió en nido de los más terribles criminales que EEUU se los llevaba en aviones, pero aquí nadie sabía que estaban entre nosotros?

 

Pero eso no era lo asombroso; ese gobernante era apoyado por los “democráticos” Gobiernos de EEUU y por organismos financieros globales que jamás dejaron de prestarle fortunas que luego pagaba un pueblo analfabeta, con hambre y enfermo y, las instituciones internacionales de Salud, mentían para cuidar la espalda de un gobernante desprestigiado hasta los huesos, en tanto, un virus a su libre albedrío mataba por miles a los hondureños, una profesora atendía la implacable pandemia y un ingeniero la educación destartalada.

 

¿Creerán que aterrizó primero una sonda espacial sobre la superficie de Marte que unos hospitales móviles que nunca llegaron para salvar la vida de los contagiadas por Covid-19? Durante años ese Gobierno gastó cientos de miles de dólares en expertos en guerras psicológicas para que enloquecieran a la sociedad y pasara tan distraída, que no pudiera mirarlo; todo era desorden en el país, tragedia humana, un pobre hombre tenía en sus manos las tres riendas de los poderes del Estado, y nadie lo controlaba.

 

Van a reírse, quizá, pero ese señor puso en venta la tierra nuestra y había traidores que lo aplaudían desde los bancos y otros vividores de la política y una orquesta de hambrientos depravados hacía malas relaciones públicas en medios de comunicación.

 

Todo eso pasó, porque EEUU había creado la capital del infierno en Honduras, eran tiempos que los mejores hijos de este país querían morirse o irse lo más lejos posible, los que podían, porque la vida no valía un centavo para quien en verdad fuese opositor a esa barbarie.

 

La economía y la política eran feudal, el atraso mental del grupo gobernante era de unos mil años con relación a civilizaciones modernas, y la sociedad lo sufría, mientras todo pasaba con la complicidad de los países “cultos y ricos” del planeta.

 

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