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Ayer, un grupo de hondureños de diferentes movimientos sociales, se movilizaron en Tegucigalpa, ciudad capital, para protestar recordando que se cumplió un año de haberse realizado las elecciones presidenciales “más cuestionadas de la historia”.

Entre bombas lacrimógenas y disparos a “bala viva”, las fuerzas de seguridad del Estado dispersaron la movilización, conformada por hombres, mujeres, niños y ancianos. Al menos dos personas fueron heridas de bala y varios sucumbieron a los gases tóxicos.  

 

 

Redacción Central / EL LIBERTADOR

 

Tegucigalpa. Varios heridos y afectados par gases tóxicos, así culminó ayer la movilización de hondureños que marcharon para protestar en el marco del aniversario de las que consideras “las elecciones más cuestionadas de la historia”.

 

El grupo de protestantes formado por diversas organizaciones sociales, partió, de forma pacífica desde inmediaciones de la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán (UPNFM), ubicada en el bulevar Centroamérica, con rumbo a la Corte Suprema de Justicia (CSJ), ya que en ese sector, se ubica la provisional Casa Presidencial.

 

A lo largo del trayecto, los manifestantes en ningún momento provocaron disturbios ni daños a la propiedad privada; sin embargo, al llegar al punto de bloqueó militar, a la altura de la CSJ, las fuerzas de seguridad, sin motivo alguno empezaron a reprimir a los manifestantes.

 

Momentos antes, el coordinador del Partido Libertad y Refundación (Libre), Manuel Zelaya, comparecía ante la prensa, asimismo, el resto de la movilización aguardaba el discurso de cierre del expresidente, derrocado en 2009. Fue allí, 15 minutos después de llegar que la Policía Militar y los elementos antimotines lanzaron los gases tóxicos.

 

La represión se extendió hasta el bulevar Fuerzas Armadas y Kuwait, donde varias personas que se transportaban en sus vehículos fueron afectadas y sus automóviles fueron dañados por las bombas que caían a diestra y siniestra.      

 

Al no ser suficiente con sofocar la manifestación, los uniformados dispararon a bala viva, hiriendo al periodista de Une TV Geovanny Sierra, y a un ciudadano de nombre Ángel. Se presume que las balas que les alcanzaron fueron las que disparó el conductor de un autobús del Instituto Nacional Penitenciario (INP), quien empezó a detonar su arma de fuego sin razón alguna.

 

EL LIBERTADOR constató que el ataque del oficial del INP, fue presenciado por decenas de automóviles y que en ningún momento se intentó liberal a los reos que eran transportados en el vehículo, ya que las piedras lanzadas, fueron respuesta de defensa ya que los manifestantes no tenían conocimiento sobre la pertenencia del autobús, tomando en cuenta que la zona es concurrida por el Transporte Público.

 

La represión también afectó a decenas de personas que se encontraban el centro comercial Las Cascadas, y ante la amenaza de que entraran miembros de la protesta, efectivos de Derechos Humanos evitaron el ingreso de estos para actos vandálicos, posteriormente los que lograron entrar, buscaban refugió.

 

Los hondureños se dispersaron a eso de las 7:00 de la noche, algunos niños fueron socorridos en motocicletas para llevarlos a centros asistenciales, minutos después los uniformados iniciaron la persecución y a eso de las 9:00 de la noche, se denunció que varias personas estaban encerradas en la sede del Stybis y otros puntos de la colonia El Pedregal. Un modus operandi, similar al de la cacería de diciembre, cuando aún no se daba un ganador de las elecciones.

 

Recientemente, el jefe del Estado Mayor Conjunto, René Ponce, declaró que sus soldados nunca han disparado a civiles, porque no son entrenados para eso, luego de que el Ministerio Público le exigiera toda la información sobre los asesinatos de al menos 40 personas durante la crisis electoral.

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