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El laureado dramaturgo y escritor hondureño, Rafael Murillo Selva, “honra y a su vez ha sido honrado por la trigésimo octava edición de la Fiesta del Fuego: la Casa del Caribe lo distinguió con su Premio Internacional y él, en reciprocidad, trajo hasta acá la memoria de su país, Honduras”, se dijo a la hora del homenaje.

 

Los medios más influyentes del hermano país cubano ha dado repercusión de esta tan importante noticia y, por ello es nuestro compromiso hacer eco de este reconocimiento que llena de tanto orgullo a Honduras y, en particular a EL LIBERTADOR, donde Murillo Selva es colaborador y compañero desde hace muchos años.

 

Pedro de la Hoz

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EL LIBERTADOR

 

 

Santiago de Cuba. Rafael  Murillo Selva honra y a su vez ha sido honrado por la trigésimo octava edición de la Fiesta del Fuego: la Casa del Caribe lo distinguió en este julio con su Premio Internacional y él, en reciprocidad, trajo hasta acá la memoria de una comunidad singular que marca con su vocación caribeña la cultura de su país, Honduras.

 

Desde hace muchos años, los garífunas han ocupado los trabajos y los días del investigador y teatrista. Parte de esa  experiencia fue transmitida a los asistentes de la sesión inaugural del Taller sobre religiosidad popular, que forma parte del programa del festival. Murillo Selva impartió la conferencia El dugu, ceremonia vertebral de la cosmovisión y religiosidad de los caribes negros.

 

Mediante el dugu, los garífunas evocan a sus ancestros en busca de respuestas ante situaciones calamitosas, enfermedades y apremios sociales. El ritual puede durar dos semanas y su celebración implica a toda la comunidad, mediante ofrendas, cantos y danzas.

 

Más allá de las circunstancias particulares que motiven su convocatoria, el dugu deviene acto de reafirmación de valores identitarios y de cohesión social de un  conglomerado humano que desciende  de los pobladores arauacos y caribes originarios de la cuenca antillana, y de los esclavos africanos que naufragaron en 1635 en la isla de San Vicente y se desembarazaron de los tripulantes de los barcos negreros.

 

La convivencia de unos y otros en ese enclave insular propició el mestizaje y el nacimiento del pueblo garífuna. Más de cien años después, y luego de una resistencia tenaz contra los poderes coloniales europeos que se disputaban el territorio vicentino, los garífunas fueron desterrados y conducidos a Honduras, donde actualmente habitan emplazados en más de 40 asentamientos, aunque también residen en Nicaragua y Belice.

 

En la obra de Murillo Selva destaca de manera especial su producción dramática en función de la comunidad.  En 1979 se trasladó a la pequeña villa garífuna de Guadalupe. Tras ganar la confianza de los moradores de ese y otros enclaves de la zona, el dramaturgo concibió, a partir de un intenso trabajo de campo, el texto y la puesta en escena de Loubavagu o el otro lado lejano, cuyo objetivo fue contar la historia del pueblo garífuna, sus tradiciones, conflictos y esperanzas. 

 

«Es esencial generar nuevas formas de resistencia, nuestras propias poéticas, a partir de la identidad de nuestros pueblos; por eso es que resulta un evento como la Fiesta del Fuego», expresó Murillo Selva en Santiago.

 

El el discurso de entrega se fundamentó este premio haciendo hincapié en que lo que distingue este reconocimiento es que lo reciben personalidades que salvaguardan la unicidad que perviven en lo diverso de la Cultura Popular Tradicional. En tal virtud es merecedor de él, quien lucha y crea, el que transforma, el que procura y logra dar voz al que no la tiene, aquel que, al decir del poeta, hace camino al andar, como lo ha hecho y  lo sigue haciendo en Honduras, Rafael Murillo Selva Rendón.

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