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El fallo es una leguleyada más, de la miríada a las que aquí llaman justicia, no puede caber duda. Da miedo y grima su desfachatez. Desilusiona. ¿Cómo vamos a salir del impasse de la corrupción si esto no se castiga? ¿Cómo escaparemos de la burla?

 

Pero si en una convulsa interpretación de la jueza que sabe que era para los partidos el dinero, eso era solo un encubrimiento, su fallo queda a la vista, exige la aclaración completa y transparente, confesión pública de los hechos, en su detalle.

 

Rodolfo Pastor Fasquelle

Solo para gente muy lista

EL LIBERTADOR

 

Lo hará Salvador. Yo no le voy a preguntar a la Sra. Coronela Fulton ¿qué piensa sobre el fallo del sábado que dejó ir libres, para defenderse de cargos menores, a la casi totalidad de los imputados en el caso llamado Pandora? Aunque imagino que ella tampoco puede entender, como no entiendo yo (¿lo entiende Ud., avezado lector?) que antes de 2015 (cuando se tipificó el lavado) no fuera gravísimo delito tomar el dinero del presupuesto del Estado para otro fin que no fuera el explicitado en la ley de presupuesto, depositarlo en tu cuenta personal y pagárselo a fundaciones que –después- se lo pagaban (sin exigir liquidación) a empresas –de que son dueños y directivos el Primer Cuñado y la Primera Dama— para realizar actividades que no se realizaron. Sencillo. El fallo es una leguleyada más, de la miríada a las que aquí llaman justicia, no puede caber duda. Da miedo y grima su desfachatez. Desilusiona. ¿Cómo vamos a salir del impasse de la corrupción si esto no se castiga? ¿Cómo escaparemos de la burla?

 

Aunque yo no soy de los que pensaba que ya estaba resuelto el problema con la denuncia, ni de los muchos enardecidos indignados y vengativos, que ardían por ver a todos estos señores (entre ellos un primo segundo, a quien tengo cariño) humillados, despojados y arruinados.

(Hay mucho resentimiento acumulado, una maligna disposición a creer cualquier maledicencia y a suponer que la justicia tiene que fallar de acuerdo a esa opinión pública o general.) Ni estoy -para nada- seguro que los imputados robaran descaradamente para su beneficio -como alega tanta gente-.

 

Más bien pienso que obviamente cayeron en la trampa de acomodarse al uso tramposo de siempre, haciendo lo que antes se había hecho muchas veces, sifoneando fondos públicos para partidos que participaban en campañas políticas, por instrucciones superiores de jerarcas partidarios empautados que, si aún no involucran directamente al ex Presidente Lobo ni al Presidente J.O.H, si tocan a parientes del circulo inmediato del mandatario.

 

Respeto la jurisdicción y la independencia de la juez a la que encomia el Sr. Argueta –sucesor de otro reo, que pervirtió la justicia— quien no debió en todo caso públicamente pronunciarse ni aplaudir ese fallo en un asunto sobre el cual podría tener que fallar como magistrado y en el cual, ahora, tendrá que excusarse, y no soy un profesional de las leyes, pero, tomar lo ajeno, aunque sea como Robin, para dárselo a los pobres partidos políticos, es robar. Y robar es delito desde que Moisés bajó de la montaña con las tablas de la ley grabadas con el dedo de Dios sobre la piedra, y perdóneme los ilustrados el símil. No importa cómo se le llamó antes, en la Honduras republicana, siempre esto fue un delito, y no solo encubría quien actuaba para realizarlo. Lo cometía.

 

Es decir, si quedaba demostrado que delinquían estos señores -todos y la señora también- que habían sustraído 282 millones de lempiras de la Secretaria de Agricultura y Ganadería, destinados a fines de interés general, a saber capacitación de los agricultores y campesinos que producen nuestros alimentos. Y quienes confesaban haber desviado y conducido esos fondos a campañas publicitarias de grupo y partido, más que encubrir una monstruosidad, tenían por la confianza pública de sus cargos, que rechazar un hurto mayor.

 

Un hurto a los recursos públicos, que son del pueblo pobre de Honduras. Merecedor de un castigo que exige su comparecencia, el arraigo de los imputados, y por lo consiguiente una reposición de lo desaparecido.  Pero si en una convulsa interpretación de la jueza que sabe que era para los partidos el dinero, eso era solo un encubrimiento, su fallo queda a la vista,  exige la aclaración completa y transparente, confesión pública de los hechos, en su detalle. A menos que se remita a y responda el tope. Alguien que estaba por encima. Que les dio la orden, siendo su superior y a quien no creían poder rechazar.

 

¿Alguien a quien no se podía desobedecer? Que nos expliquen ellos y la Juez en su nombre que cosa estaban encubriendo y a quien encubrían. Que si no, son cómplices dolosos del mismo delito, ellos con la jueza y con quienes más ratifiquen el fallo insólito y reos tendrán que ir con los demás supremos por pretender suplantar la ley con interpretaciones antojadizas.

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