Los migrantes hondureños son reprimidos brutalmente por el gobierno de Guatemala que junto al de Honduras y México, a cambio de protección de Trump, firmaron el plan “países seguros”, para cercar el paso de sus ciudadanos que son la mayoría empobrecida que escapa hacia EEUU.

El éxodo hondureño se ha vuelto notorio porque ha desbordada en masa huyendo hacia el norte, debido a la grave crisis social, política y económica que ya supera la década, ante la inexistencia de un gobierno social y la complicidad del mundo que apoyó el fraude electoral de 2017 y al régimen ilegítimo que se ha instalado en el país tras el golpe de Estado de 2009.

 

Redacción Central / EL LIBERTADOR 

 

Tegucigalpa. Es manipulador el frívolo análisis del gobierno hondureño cuando dice que el crimen organizado está detrás de las migraciones, para no admitir que la inexistencia de Estado de leyes, pérdida del desarrollo como modelo económico y ausencia de políticas públicas sociales es el punto de partida para entender en el presente la tragedia nacional.

 

La angustia de una mujer cuando esta mañana era reprimida por los militares y policías de Guatemala, deja sin argumentos a la cancillería hondureña: “Yo ya no quiero volver a Honduras, no tengo ni dónde dormir”. En las últimas horas se ha desencadenado un drama angustiante, sin un gobierno hondureño que mueva la boca por más de 9,000 hondureños decididos a emigrar a Estados Unidos.

 

Van en busca de lo que muchos analistas llaman “utópico sueño americano”, sin embargo, el éxodo nacional cree que cualquier imposible en la incertidumbre es mejor opción que seguir en Honduras, las frases repetidas “me voy porque aquí al gobierno no le importa la gente”, “Aquí no hay trabajo y perdí todo”, “Voy a buscar como salgo adelante con mi familia”, etcétera, por eso no les importa los garrotes, ni las bombas lacrimógenas, ni el desprecio de otros pobres igual que ellos.  

 

Hoy fueron dispersados con violencia en Vado Hondo, Chiquimula, por orden del gobierno vecino, confabulado con el de Honduras y el de México para no dejar salir a sus ciudadanos que son mayoría migrante en el camino a Estados Unidos, son niños y mujeres, son ancianos y lisiados, aún así los atacan en un combate desigual; olvidan rápido, de cuando en cuando tendremos otra vez guatemaltecos y a otros tocando la solidaridad cuando la crisis no sea en el pueblo hondureño.

 

Este día fue de sufrimiento para los nuestros, rodeados de agentes salvajes, lograron mover una gigantesca rastra con la finalidad de bloquear a las fuerzas militares, todo esto ocurría mientras entonaban con fuerza el Himno Nacional de Honduras. Posteriormente, aconteció la fuerte represión contra ellos, donde las autoridades se encargaban de apalear y golpear con toletes a personas indefensas sin que nadie en el gobierno Hernández muestre un poquito de vergüenza. 

 

Esa violación masiva de derechos humanos frente al mundo civilizado hasta esta hora no ha desatado protestas o comunicados de condena contra el régimen guatemalteco, tampoco detuvo a la migración hondureña como aplaude y afirma la cancillería del patio. Honduras es hoy una nación invadida por la penuria económica y la vigorosa criminalidad, esferas que se han convertido en el verdugo de cada una de estas personas que han decidido abandonar el país. 

 

Destaca que 2020 fue un año adverso para la mayoría de hondureños, dejó 700 mil nuevos pobres, según datos oficiales, debido a la pandemia Covid-19 que llegó en marzo, se perdieron casi medio millón de empleos, la economía de miles de familias pasó de empobrecida a miserable y, en esa instancia, muchas empresas se vieron obligadas a cerrar operaciones, otras se fueron por inestabilidad política.

 

A la multiplicación de la enfermedad viral por negligencia del gobierno para atenderla, sumó mayor catástrofe la llegada de poderosos fenómenos naturales, que afectaron significativamente las regiones agrícolas y los bienes de cientos de familias que con esfuerzo de una vida habían logrado construir, por ejemplo, una modesta vivienda, terminaron en albergues, que luego fueron abandonados y pasaron a la atención de otros hondureños, países amigos y organismos internacionales. Todo eso ha acumulado extraordinaria calamidad y migración.

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