La madrugada del sábado 18 de julio, un grupo paramilitar entró por la fuerza a la casa de Sneider Centeno, uno de los líderes garífunas de la comunidad del Triunfo de la Cruz, Tela, en el caribe hondureño; junto a él, Milton Martínez, Suami Aparicio y Gerardo Rochez, fueron secuestrados y hasta hoy no hay rastros.

 

Han pasado dos meses y la comunidad garífuna e indígena hondureña urge explicaciones sobre su paradero al gobierno de Juan Hernández, la autoridad calla y los días pasan, la puerta sigue abierta para que haya violación de derechos humanos contra grupos vulnerables del país. 

 

 

Redacción Central / EL LIBERTADOR

 

Tegucigalpa. Era una madrugada fresca a la orilla del mar en el Triunfo de la Cruz, Tela, departamento de Atlántida; las olas bañaban la costa y el canto de las aves anunciaba el comienzo de un nuevo día para una comunidad en peligro constante. Los primeros rayos del sol se vislumbraban en el firmamento y lo que parecía un romántico amanecer, de esos que se retratan en películas, se convirtió en una historia más de la desgracia que sacude a los hondureños.

 

El sábado 18 de julio de 2020 será una fecha inolvidable, una más de las tantas que se niega a olvidar la Organización Fraternal Negra Hondureña (Ofraneh). El rugido de motores de vehículos modificados para realizar asaltos y el grito de guerra de paramilitares, rompieron el amanecer de los “teleños”.

 

Entraron de forma brusca a la casa de Sneider Centeno, presidente del Patronato del Triunfo de la Cruz, junto a Milton Martínez, Suami Aparicio y Gerardo Rochez, no volvieron a ser vistos en aquella comunidad, un nuevo escándalo sacudió al incapaz Gobierno Juan Hernández, que no quiso cuidar a Berta Cáceres, tampoco a los migrantes del éxodo 2018 y mucho menos a cuatro jóvenes afrodescendientes.

 

Según la abogada y defensora de derechos humanos, Naama Ávila, hoy es inquietante el silencio del régimen y de organizaciones del Estado que no dan explicación a las familias sobre el paradero de los cuatro garífunas, “al día de hoy sólo suman los días y no sólo la comunidad garífuna, en general el pueblo hondureño y la comunidad internacional sigue esperando respuestas”.

 

La profesional del derecho alerta que el mensaje que está enviando el gobierno con este caso particular, es que existe un precedente que indica a los hondureños que las acciones de este tipo van a seguir. “Si atendemos las alertas de comisiones interamericanas pero no hay acciones para evitar las practicas que siembran el terror en las comunidades, generamos un precedente negativo para darle cabida a que esto siga ocurriendo”.

 

“También para darle un mensaje indirecto a la población, decirle que cuando estas cosas vuelvan a suceder no habrá respuestas y al contrario, habrá más represión y persecución a líderes garífunas, indígenas y líderes de los sectores sociales”, agrega la abogada.

 

Ávila destaca que hoy la comunidad garífuna es “non grata” para los inescrupulosos en el poder, porque ellos defienden no sólo el territorios como un bien material, sino que luchan por cuidarlo como un núcleo de vida esencial para el respeto de la condición humana.

 

Además, relaciona que el contexto de corrupción a veces es incomprendido por la sociedad, porque no se hace observación en que los actos de corruptos condicionan el futuro del país, pues sostiene que hoy la cuestionada gestión del extinto presidente Rafael Leonardo Callejas (1990-1994), sigue pasando facturas al pueblo y que por eso se vulnera la condición de pueblos indígenas.

 

“¿Y por qué no hay un cambio?, porque tenemos el mismo tipo de gobernantes sólo que de diferente color, pero haciendo siempre uso de ese poder para darle una preferencia a las élites, a las trasnacionales y a ese sector privilegiado”, aqueja.

 

Las respuestas no llegan y la sociedad parece olvidarse del tema, en ese contexto la abogada Ávila menciona que es vital seguir presionando y accionando para que la institucionalidad hondureña quede en evidencia, pues asegura que cada etapa de convulsión social, “es como un piquetazo de un hacha a una pared fortalecida, que de a poco esa pared va a ceder y esa pared que no es sólo la corrupción, sino también la impunidad que es lo que abre ese camino a la corrupción y al crimen organizado, va a caer”.

 

“Quedarnos callados en este momento sería ponernos una lápida y morirnos juntos, siempre habrá amenaza pero mientras tanto lo que podemos hacer es seguir luchando”, sentencia.

 

“Hoy 18 de septiembre, se cumplen dos meses de la desaparición forzada de nuestros hermanos de #Triunfo de la Cruz. Este gobierno dictador, usurpador, corrupto y asesino no da respuesta alguna. Quieren desaparecernos como pueblo. Exigimos su retorno y cumplimiento de sentencia YA¡”, recordó en su Twitter la coordinadora de Ofraneh, Miriam Miranda, quien no pierde la esperanza de volver a ver a los cuatro jóvenes dirigir su mirada al mar que baña la costa norte.    

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