El régimen de Carías Andino es la transición a las políticas autoritarias que garantizaba un sometimiento ordenado a los intereses del capital multinacional y, en general, de la geopolítica imperialista de EE.UU.

En el caso del movimiento obrero, estudiantil y de sectores intelectuales que por años fueron sujetos de persecución y maltrato avanzaron firmemente frente a la represión. 

La Huelga de 1954 fue un punto detonante para organizar y allanar el camino para la caída de la dictadura cachureca. Sin embargo la derecha liberal aprovechó estos acontecimientos y negoció con la recién creada institución militar, rectores ahora de la violencia de Estado y control político del país.

  

Por Edgar Soriano Ortiz

EL LIBERTADOR

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

El 30 de abril de 1965 en la comunidad del Jute, departamento de Yoro, las FFAA asesinaron a 7 revolucionarios hondureños salvajemente ante los ojos de varias personas con el objetivo de enviar un mensaje antisubversivo. Pero para entender lo que paso ese día en que perdieron la vida Lorenzo Zelaya (líder campesino, presidente de la FENACH), Aquileo Izaguirre, Rufino López, José María Izaguirre, Hermelindo Villalobos, Benedicto López y Benito Díaz hay que hacer, primero, una retrospectiva socio-política y, segundo, una valoración de cómo se ejecutaron y cercaron mediáticamente los golpistas el hecho sanguinario.

 

Los antecedentes históricos para tener una claridad interpretativa sobre los lamentables momentos vividos tras el golpe de Estado del 3 de octubre de 1963 nos remontan a la época del régimen de Tiburcio Carías Andino (1933-1949). La dictadura autoritaria de Carías Andino tiene dos elementos claves: 1) la agrupación de los sectores burgueses más conservadores quienes aplastaron la oposición y persiguieron brutalmente a los obreros que demandaban justicia; 2) la estrategia del capital multinacional, pero principalmente de Washington para mantener su control regional frente a la pelea hegemónica global del momento.

 

El régimen de Carías Andino es la transición a las políticas autoritarias que garantizaba un sometimiento ordenado a los intereses del capital multinacional y, en general, de la geopolítica imperialista. En el caso del movimiento obrero, estudiantil y de sectores intelectuales que por años fueron sujetos de persecución y maltrato avanzaron firmemente frente a la represión. La Huelga de 1954 fue un punto detonante para organizar y allanar el camino para la caída de la dictadura cachureca. Sin embargo la derecha liberal aprovechó estos acontecimientos y negoció con la recién creada institución militar, rectores ahora de la violencia de Estado, el control político del país.

 

El anterior contexto de alianza entre la derecha liberal y las FFAA se comenzó a fracturar en 1959 ante el descontento y conspiración de los conservadores cachurecos y poco después por el temor burgués a la propagación ideológica del triunfo de la revolución cubana. El contexto preelectoral de 1963 desencadenó la conspiración con beneplácito de la CIA para detener el avance organizativo del movimiento popular y que evidentemente a los ojos del grupo oligárquico el caudillo liberal Modesto Rodas Alvarado no podría detener.

 

El golpe de Estado Militar del 3 de octubre de 1963 causó la muerte de cientos de miembros de la guardia civil, traicionada según testigos por Villeda Morales, y de hondureños que decidieron enfrentar a los golpistas. Se organizaron pequeñas milicias entre los liberales y el partido comunista decidió desde el exilio acuerpar la lucha armada, en la que Lorenzo Zelaya y otros miembros reactivaron el campamento del Jute en medio de la constante amenaza de las patrullas de ejército que arreciaban constantemente para evitar un foco armado grande.

 

Mientras el ejército torturó y asesinó a los campesinos rebeldes frente a testigos, que también fueron golpeados salvajemente, en Tegucigalpa y otras ciudades de Honduras la población estaba desinformada, en la televisión, en la radio y en los periódicos se resaltaba las bandas puestas a las madres en los colegios, el trabajo cívico de las FFAA, el show en la capital de la bella bailarina, Yolanda Parolo en temporada en centro nocturno el “Faro”, el desfile escolar panamericanista, “Monchito” Cruz publicando páginas enteras sobre inversión extrajera para el país, informes sobre el terremoto de El Salvador, información tergiversada sobre la rebelión de abril –conflictos dos años después del golpe en República Dominicana contra el gobierno de Juan Bosch de 1963- , las mujeres de alta sociedad haciendo agasajos en el Contry Club, Manzanares el folklorista exponiendo sobre el “paisaje idílico” de Honduras en gira por EEUU, el poeta Óscar Acosta resaltando el discurso nacionalista del golpista Armando Velázquez Cerrato; además, varios sindicatos libraban sus propias luchas por reivindicaciones salariales, los vecinos de colonias como la San Miguel buscando tener el derecho a agua potable, y un lago etcétera.

 

Mientras toda esa información difundida por los cercos mediáticos los grupos revolucionarios y de Derechos Humanos buscaban alternativas para informar y reclamar justicia ante el salvajismo criminal de Oswaldo López Arellano y su camarilla de golpistas que allanaba el camino a constitucionalizar su régimen.

 

Después de 48 años el Jute es un símbolo, entre otros, de la histórica impunidad que impera en Honduras, por ello la memoria histórica es importante para construir ciudadanía capaz de tener conciencia crítica para enfrentar la lógica impositiva y violenta del sistema capitalista a través de sus agentes oligárquicos que se imponen con tal de favorecer sus intereses y el de sus amos….

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar