EL LIBERTADOR logo

El ingreso ocurre a un mes de que irrumpiera otro contingente de personas sin documentos, que huyen de la violencia, miseria, desigualdad, ya cumpliéndose cuatro meses del primer grupo organizado que partió el 12 de octubre pasado de San Pedro Sula, Honduras, la ciudad más violenta de América Latina.

 

 

Agencias / EL LIBERTADOR

 

México. Una nueva caravana de cerca de un millar de inmigrantes centroamericanos entró a México, burlando el cerco policial, a través del puente internacional Rodolfo Robles en la frontera con Guatemala, entre Tecún Umán y Ciudad Hidalgo.

 

El ingreso ocurre a un mes de que irrumpiera otro contingente de personas sin documentos, que huyen de la violencia de las maras (pandillas) y de la miseria en la región y, además, a cuatro meses del primer grupo organizado que partió el 12 de octubre pasado de San Pedro Sula, Honduras, la ciudad más violenta de América Latina.

 

La irrupción de la nueva caravana pone en evidencia que el éxodo centroamericano hacia Estados Unidos no cesa a pesar de las condiciones cada vez más extremas de la política migratoria del presidente Donald Trump, alentado por la política de apertura del nuevo mandatario mexicano Andrés López Obrador.

 

Cada año, se estima que entran a México con destino a Estados Unidos unos 400.000 extranjeros, no sólo centroamericanos, sino también sudamericanos, asiáticos e incluso africanos.

 

La diferencia ahora es que comienza a popularizarse la modalidad de los contingentes organizados que permiten brindar más seguridad a los migrantes, los cuales cuando viajan solos suelen ser objeto de extorsiones, secuestros e incluso asesinatos por parte del propio crimen organizado. Éste modelo, ya ha sido apropiado por los hondureños, quienes iniciaron el éxodo en octubre de 2018.

 

La última caravana que llegó al país, formada por unos 1,700 centroamericanos, aunque otros 12.000 consiguieron un visado mexicano por motivos humanitarios, consiguió llegar al estado norteño de Coahuila.

 

 Algunos de sus miembros han regresado voluntariamente, han sido deportados o han pasado de forma clandestina a través del río Bravo, donde fueron inmediatamente detenidos por la Patrulla Migratoria. Los centroamericanos que pudieron entrar a México, esperaban primero a ser atendidos para recibir una tarjeta de entrada pero funcionarios del Instituto Nacional de Migración les han indicado que el programa había concluido.

 

Por lo tanto, los centroamericanos se organizaron y decidieron avanzar a territorio nacional, a pesar de que había un grupo de agentes federales que les impedían el paso. Cuando la situación amenazaba con tornarse muy ríspida, los uniformados optaron por abrir las compuertas para que ingresaran.

 

El éxodo avanza hacia Tapachula, la ciudad más grande de la frontera sur del país, en el estado de Chiapas, luego que la Policía Federal y el INM trataron de frenarla en el municipio de Frontera Hidalgo.

 

De acuerdo a informes oficiales, 10,000 centroamericanos arribaron desde octubre a México y consiguieron llegar a la ciudad norteña de Tijuana, Estado de Baja California. Con el paso del tiempo y en medio de una serie de vicisitudes, entre ellas acciones racistas de residentes locales, algunos regresaron voluntariamente a sus países, otros fueron deportados, y algunos intentaron cruzar a EE.UU. siendo detenidos por la Patrulla Fronteriza, muy pocos han recibido asilo político.

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar