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Hace menos de 15 días todo el país miraba horrorizado la imagen de una niña hondureña en la portada de la revista Time, un símbolo que representa la miseria, exclusión y desprecio, expuesta por el régimen migratorio de EE.UU. si, si el mismo país por el que los políticos se les quiebra la espalda al escuchar hasta al portavoz de más baja clase, cuando en cualquier país digno y culto, un extranjero o quien sea, no tiene más valor que cualquiera otro ciudadano.  

 

Parece que en ese gremio han desarrollado la capacidad de no hablar de lo fundamental como es el asalto al IHSS o del manejo del tasón de seguridad, pero se esmeran en señalar de corruptos a otros y a nadie en particular y no saber nada de la veracidad en la información. 

Luego llegaría por los poderosos, aquellos que mientras fumaban un exclusivo Cohiba Behike, afirmaban su axioma infinito: “Los gobiernos son transitorios, nosotros somos permanentes”; los grupos de poder económicos como se conocieron han muerto con el patriarca del Aguán.

 

Nuestra ruta es el trabajo político. Bajo liderazgo de Salvador Nasralla en las urnas, a quien “Mel”, el líder, trajo de regreso al ruedo, es correcto integrar un Bloque Político de oposición graníticamente unida y capaz de tomar el control del legislativo.

“Los mexicanos salieron a votar indignados con el cúmulo de tragedias que ha sido su historia reciente, confiados, masivamente, con disciplina y entusiasmo a favor de, decididos a ensayar el cambio”, expone en este análisis el pensador hondureño, Rodolfo Fasquelle.