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Los grupos que tradicionalmente han ostentado el poder económico y político en Honduras, Paraguay y Brasil consiguieron utilizar la institucionalidad del Estado de Derecho en contra de gobiernos que cometieron la osadía de cuestionar el status quo interno y externo en favor de las mayorías.

 

“La embajada” de EE.UU. tiene muchos amigos. Hay que ver los Wikileaks y verá como aún sin la invitación de los embajadores; se desviven por ir en tropel para hablar mal del propio país, para urdir planes sediciosos o para rogarnos que los invadamos.

 

Ante los hechos en Honduras tras 2009, ni los golpistas creyeron que un golpe de Estado podría arrinconarlos a ellos mismos, pensaron que los militares pondrían en cintura el ánimo colectivo revuelto y el terror táctico  de calle devolvería el equilibrio interno a “la institucionalidad” del poder.