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Juan no tiene la experiencia de gastar su propio lempira o de sacar avante una familia con trabajo privado que forja carácter y enseña economía, ni la cosmovisión que antepone la responsable y visionaria tarea de poner pasos adelante a una Nación.

La falta de personalidad hace al humano incapaz de edificar una Patria, de iniciativa y de resistencia. Desfilan inadvertidos, sin aprender ni enseñar, diluyendo en tedio su simpleza, vegetando en la sociedad que ignora su existencia aunque modelen el cargo público.

 

“Tampoco nos asustemos: diez días de gran paro general serán suficientes para enviar a la carambola a los fraudulentos, siempre que hayamos adquirido la suficiente conciencia cívica y el digno coraje para defender el derecho ciudadano y los sagrados principios de la libertad”, reflexiona la edición impresa de EL LIBERTADOR, Nov.-Dic. de 2017.

Mientras comienzan las condenas mundiales contra el abuso, el crimen, el latrocinio público y contra el irrespeto de las libertades básicas de los ciudadanos –justo ahora– todos van recibir a domicilio la impagable factura de un régimen oprobioso que va a terminar por devorar a todos sus cómplices.