“La embajada” de EE.UU. tiene muchos amigos. Hay que ver los Wikileaks y verá como aún sin la invitación de los embajadores; se desviven por ir en tropel para hablar mal del propio país, para urdir planes sediciosos o para rogarnos que los invadamos.

 

El príncipe de los engaños, John Biehl del Río (gráfica), convocó en Honduras a aliados gubernamentales y protestantes, a comprados e independientes, a resistencia y acomodados, y otorgó a cada cual cinco minutos de gloria expositiva.- Luego recogió los bártulos y partió a las frías tierras del norte para maquinar los siguientes pasos. Volvió, y todo terminó en ¡Diagnósticos, augusta maravilla!

 

Ante los hechos en Honduras tras 2009, ni los golpistas creyeron que un golpe de Estado podría arrinconarlos a ellos mismos, pensaron que los militares pondrían en cintura el ánimo colectivo revuelto y el terror táctico  de calle devolvería el equilibrio interno a “la institucionalidad” del poder.

 

La renuencia a la reforma electoral por el Partido Nacional “hecho poder” en Honduras, se ha evidenciado en los dos años, aunque aparentando lo contrario. Tiene que ver con la consolidación del régimen fascista, cuya vertebración militarista y paramilitar abarca todo el aparato estatal.