“A una comitiva que envió recién ese “Lado Oscuro” a cabildear con notables sampedranos liberales, entre los que me encontraron casi por casualidad, le declaré sin empacho que, más allá de esos errores, no acepto reclamo contra Ud. Luis, como ciudadano me siento obligado con su valentía”.

Todos los caciques históricos de Honduras irán muriendo, es el destino ineludible de pobres y de ricos. Pero en el país de la muerte es obligatorio que pobres y ricos muramos ofendidos, humillados, desterrados o encarcelados.

¿Pero cuánto tiene que pasar y descender una sociedad para que no le importe la niñez en las calles?, ¿Cuándo perdimos el alma, mientras íbamos camino a la iglesia?, esta es una Honduras, diseñada por la bestialidad política y la indiferencia social, está hecha a la medida de quienes gobiernan y los aplauden.

 

No agrada ver la figura de un hombre de 85 años, entrando a una corte, tomando las palabras de su abogado: “sólo queremos que se defienda en libertad, no representa una amenaza”, enfermo y quizá confundido, pero también arquitecto de esa bestia hambrienta que hoy exige engullirlo.

 

La hora de salida de JOH está en el reloj del pueblo hondureño. Hay instantes de abismo en las sociedades, son momentos sombríos que parecen eternos, sin serlo;  luego viene la renovación y pujanza social, la historia no se detiene, avanza sin cesar en líneas circulares.