EL LIBERTADOR logo

La renuencia a la reforma electoral por el Partido Nacional “hecho poder” en Honduras, se ha evidenciado en los dos años, aunque aparentando lo contrario. Tiene que ver con la consolidación del régimen fascista, cuya vertebración militarista y paramilitar abarca todo el aparato estatal.

 

El próximo año comienza la etapa más dinámica del período gubernamental, caracterizada por la aceleración de la propaganda oficial con la finalidad de retener, a como haya lugar, el control del poder político y asegurarse el continuismo del régimen.

Bajo las actuales circunstancias, la clave del continuismo reside en la conservación del sistema electoral a través de la Ley Electoral y de las Organizaciones Políticas (LEOP) sin modificaciones sustanciales, esto es conservar intacto su modelaje bipartidista. 

De acuerdo con la LEOP vigente, el plazo para adecuar la legislación electoral al multipartidismo, de hecho establecido con la participación de los nuevos partidos de base, LIBRE (Libertad y Refundación) y PAC (Anticorrupción), vence el 23 de enero/15, cuando finaliza la tercera legislatura, para que tal reforma electoral pueda ser ratificada en la siguiente cuarta legislatura, sin lo cual no surtiría efecto en el proceso electoral entrante.

La condición fundamental para el funcionamiento del multipartidismo es la adopción del balotaje o segunda vuelta electoral, pues de no ser así el bipartidismo continuaría incólume, independientemente de la presencia múltiple de partidos que participan en la justa comicial.

El avance democrático al multipartidismo es indispensable para revestir de legitimidad el Poder Ejecutivo, o sea la administración general del Estado, que en el modelo bipartidista actual simplemente lo asume el partido que obtiene la mayoría relativa de los votos directos de la ciudadanía, sin importar si el porcentaje de los votos es muy inferior a la mayoría absoluta del sufragio, lo cual contribuye, entre otros perjuicios, a la desnaturalización de los procesos políticos y de las instituciones estatales.

La renuencia a la reforma electoral por parte del Partido Nacional (PN) “hecho poder” se ha evidenciado a lo largo de los últimos dos años, aunque aparentando lo contrario, como es común en los escenarios políticos. Eso tiene que ver, con la consolidación del régimen fascista, cuya vertebración militarista y paramilitar abarca actualmente todo el aparato estatal.

La presidente del PN, Gladys Aurora López, al referirse al tema de la reforma electoral, jura besando la cruz, que su partido no se opone a las reformas políticas electorales. Sin embargo, para condimentar el caldo, pide que se convoque a los demás sectores de la sociedad, y no solo a los partidos, para “socializar” las susodichas reformas, como el gato que juega con la madeja para enredarla del todo, no obstante que se trata de una cuestión eminentemente técnica, de sobra discutida y analizada en las instancias correspondientes, entre ellas el Tribunal Supremo Electoral.

Es otro ejemplo de la demagogia rampante, que a partir de 2016 se desplazará sobre arenas movedizas, peligrosas, proclives a la insurrección y al jaque mate de la institucionalidad política-electoral. (Editorial Tiempo / Diciembre 29, 2015).

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar