Los ciudadanos, sobre todo nuestros jóvenes, deben comprender que para estar al paso de las transformaciones mundiales, estos se tendrán que derivar de la existencia humana, de la posición de las personas en el mundo.

 

Por : Alexandra Hidalgo

 

Globalmente nos dirigimos rápidamente hacia un nivel de conciencia social superior, pero aún no estamos allí.

 

El mundo se dirige hacia cambios verdaderos, profundos y duraderos, cambios para mejorar; pero en Honduras aún no lo vemos, no lo visualizamos, no aceleramos el paso porque no lo entendemos, seguimos enfrascados en peleas ideológicas y absurdas de derecha e izquierda.

 

Los ciudadanos, sobre todo nuestros jóvenes, deben comprender que para estar al paso de las transformaciones mundiales , estos se tendrán que derivar de la existencia humana, de la posición de las personas en el mundo, su relación con ellos mismos y entre unos y otros, y juntos empujar como país.

 

Esto no es algo que puede ser diseñado e introducido como un modelo a seguir o una casa nueva; debe, ante todo, ser una expresión de la vida en el proceso de transformación de sí mismo, y no corresponde ser atribuido a ningún partido político.

 

Un mejor sistema no garantiza automáticamente una vida mejor. De hecho, es todo lo contrario: sólo mediante la transformación personal se puede desarrollar mejores sistemas y es responsabilidad del gobierno catalizar las acciones de estas personas que han desarrollado un nivel de conciencia superior para la construcción de un nuevo país; sino, seguiremos estancados pues se necesitan estos "conectores/propulsores" que unan los diferentes niveles de valores.

 

En Honduras estamos muy fragmentados, desconectados unos  de los otros. Nos falta una identidad clara. Tenemos conflicto con todo: con las razas, las clases sociales, la religión y la integración. Tenemos muchos sistemas de valores. Peleamos muy a menudo entre nosotros en lugar de trabajar juntos, enfrascados en el materialismo y la arrogancia.  Muchos de nosotros hemos perdido nuestra esencia espiritual. Nuestras comunidades y nuestras familias están frecuentemente débiles. Nos están plagando con los juegos de víctima-agresor-rescatador en todos los ámbitos.

 

Parece que tenemos un piloto automático destructivo, dirigido al suicidio colectivo,  somos como mercenarios destructores de almas, nosotros mismos nos estamos deshumanizando con nuestra forma de vivir, con nuestra forma de desenvolvernos en nuestro trabajo, en nuestro hogar, en nuestra vida en general.

 

Necesitamos sanar nuestras heridas históricas, ideológicas; necesitamos olvidar el pasado. Debemos celebrar nuestros éxitos, cubrir nuestras debilidades, construir sobre nuestras fortalezas para rejuvenecer nuestra democracia, la libertad, la justicia y la ciencia.

 

Debemos aprovechar el capitalismo para maximizar nuestro potencial humano. Tenemos que capacitarnos nosotros mismos, terminar con la mentalidad de víctima, poner fin a todas las formas de pobreza, incluyendo la pobreza de amor, seguridad, habilidades, disciplina e imaginación.

 

Podemos cambiar nuestro enfoque de lo que no queremos a lo que queremos y dar pasos en esa dirección. Asumamos la responsabilidad de nuestra situación y hagámonos  cargo de nuestras emociones. Utilicemos el poder que nosotros tenemos y tomemos decisiones acerca de nuestro comportamiento. Percibamos nuestra situación como una oportunidad para aprender, adaptarse y crecer.

 

 

Después de todo contamos con lados positivos como nación, tenemos las más grandes oportunidades, tenemos más gente, más conocimiento, estamos mejor conectados, el aprendizaje es más rápido que nunca. Una nueva civilización global está emergiendo y tenemos la oportunidad de darle forma y ser parte de ella, enfóquese en su transformación personal para que colectivamente podamos emerger como país e integrar nuestra Honduras fragmentada.

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