EL LIBERTADOR fue el único medio escrito que publicó en su portada, a cinco columnas: “Dictadura”, a riesgo de la propia vida del amado, valeroso y patriota equipo de redacción y diagramación que debió buscar un lugar fuera de la oficina principal, creyendo que de esa manera estaría menos expuesto el resto de compañeros de otros departamentos.

 

EDITORIAL

En EL LIBERTADOR el tiempo no ha pasado con esa añoranza plañidera de los temerosos e inalterables que montan en el teatro de su vida el papel imaginario de tal Tenorio, del beato de sucia túnica escarlata o del temerario trotamundos de la política.- Decidimos recorrer el duro camino de la verdad en el país de las mentiras, entregando nuestro inquieto intelecto y nuestra fuerza al cambio social con la firmeza juvenil de serle útil a nuestro pueblo.

Llamamos –aunque molesta a hipócritas— los hechos y las personas por lo que son y no por lo que parecen cuando atacan o aportan al bien común. También hemos exhibido con pruebas el tratamiento reduccionista de la realidad que por intereses del capital hegemónico acostumbra la prensa tradicional.

No hay duda, la prensa que transmite la ideología de los dueños del capital es la mayor enemiga de los pueblos que buscan el liderazgo de sus países, aquí se recuerda como en 2009 arengó el golpe de Estado. Cuando surgimos a la vida como medio de comunicación vimos tan solo y tan desprotegido al hondureño que nos indignó la maldad descarada de la clase política y económica.

Leímos los terribles errores y la gloria de nuestro pasado, también la estupidez natural de quienes han gobernado, regalaron todo por pereza, facilismo o tontos vanidosos que por falta de iniciativa y de roce con gente cultivada terminaron en su propia cuna de mandaderos laboriosos de los palestinos.

El monocultivo del banano se lo dieron a sátrapas estadunidenses, el poder político a militares y a los gringos y la fuente del control económico a través del comercio y empresas creadas con deuda pública se las obsequiaron a árabes, por eso Camilo Atala, el hombre más rico de Centroamérica, hizo y hace riqueza en el pueblo más saqueado de Centroamérica.-Como consuelo, al pueblo le dejaron únicamente el derecho a elegir; ser electo requiere pertenencia al ambiente económico.

Hemos sentido la intensidad y la zozobra de cada segundo estos doce años que el 20 de mayo cumple el “Primer Auditor Social de Honduras”. Tanto así, que hoy desarrollamos un periodismo de alto compromiso popular, en un territorio donde los poderes del Gobierno, junto a policías y militares, se comportan como fuerzas de ocupación y como invasores humillan al pueblo, remachándolo al yugo sin que haya la más leve señal de oposición hostil.

Haciendo un ligero repaso de la historia hondureña inmediata, hoy como ayer cuando circuló por primera vez este periódico el país ya era un desastre, el desprecio a la población ya era política pública, la prensa tradicional no hacia periodismo, tampoco está el gran integrador de la nación; consumado el asalto de la clase política mediocre, los marines de Estados Unidos ya estaban en Comayagua, ocupando tierra fértil que bien cultivada cubriría la carencia de frijoles.

Cuando sobrevino el golpe de Estado el 28 de junio de 2009, EL LIBERTADOR fue el único medio escrito que publicó en su portada, a cinco columnas: “Dictadura”, a riesgo de la propia vida del amado, valeroso y patriota equipo de redacción y diagramación que debió buscar un lugar fuera de la oficina principal, creyendo que de esa manera estaría menos expuesto el resto de compañeros de otros departamentos. Eso no ocurrió; desde ahí, la oscuridad se quedó en esta Tierra Media de Tolkien.

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