Un Faraj y un Barquero, sentados en la mesa del fondo, pensativos, los hizo reflexionar la mano de aquellos ocho millones de almas andrajosas –Disculpen señores, pero 65 mil millones en corrupción es demasiado.

 

Explotan en risas todas las mesas, los verdes, los religiosos, los socialmente responsables y demás asistentes. Después de todo son negocios. En lo alto, en los plasmas de pared, se oye el anuncio de la última serie de TVC, “Cómo salirte con la tuya en un asesinato”.

 

REFLEXIÒN

EL LIBERTADOR

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Tegucigalpa. ¡Sean bienvenidos! al mejor restaurante de comida rápida del continente, tenemos ya tendida la mesa, los más serviles y serviciales meseros los atenderán, los cocineros más ingeniosos, los menú más apetecibles y exóticos del trópico. Y lo mejor de todo, ¡nadie paga la cuenta! Ya la pagó el lector de esta reflexión. Hoy serviremos 65 mil millones en corrupción y nuestro encargado de tienda de turno, con mucho gusto obedecerá y atenderá. ¡Comencemos!

 

Buenas tardes hambrientos comensales, exclama el encargado de la franquicia, hoy se llama Juan, otras veces Porfirio, Manuel, Ricardo y así, no se lo tomen en serio es solo el delegado de la tienda, después de todo en cuatro años se va ¿o no?; Después de la amable recepción se les comunica que tomen sus asientos, hoy serviremos corrupción, tenemos menú para una persona, el dúo pack (los duopolios se sonríen picarescos) y combos familiares.

 

En un momento el mesero que hoy se llama Ebal, ya nos renunció el Alden, que ni frijoles podía servir; nos disculpamos por los inconvenientes. Los verde olivo, ya saben que van a pedir. Quieren la cajita feliz y de juguete les viene un inútil buquecito de guerra, con el que imaginariamente pelearán contra el “enemigo”,      -Quiero agregar otra hacienda. Ebal, responde serio al general. –Ud. sabe señor que en su menú ya no aplica; 4,000 millones, ya sabe, para los rurales y los tractores de la vez pasada terminaron en su hacienda. Restricciones aplican, mi capitán.

 

La mesa religiosa es de las más fastidiosas, en nombre de Dios, nos queremos hartar todo, señores por favor, ustedes ya tienen las exoneraciones. Coff, Coff, aclara la garganta un tal Solórzano. –Les recuerdo, que nosotros tenemos en calma a los miserables para que no asalten el restaurante, ellos entienden que Dios quiere que así sea, y mi competencia los apoya con la virgencita y capitana.

–¡Ay nooo! Ya estás como Omar ¿también quieres ser funcionario?, dice molesto el purpurado, su eminencia reverendísima cardenal, –¡Claro como a vos te va bien!, se escucha un Evelio debajo de la mesa. –Señores, calma, dice el mesero, cuando se pongan de acuerdo, regresaré. Además, les recuerdo lo que nos enseñó Tartufo: “Pecar en silencio, no es pecar”. Relájense, hay corrupción para todos.

 

¡Cuatro años más! ¡Cuatro años más! Se escucha desde el área de niños. ¿Dónde está el encargado de la tienda?, grita molesto el banquero, sin que le hayan dado aún su parte. –Dígame, señor, responde asustado Juan, mientras cruza corriendo entre las mesas. –Mira muchacho, llevas seis años en este restaurante, te dimos refil de reelección, ¡no me jodas!, anda y calla esos cipotes. Juan entra, y aquel cipotero haciendo relajo, los periodistas pomponeras de la prensa tradicional, los activistas, partidos de maletín, unos que dicen “oposición”, otros pastores y así, aquel gatero. Entonces se ordena servirles los “econocombos”, pan con mostaza, el churrito Zibas (que lo provee una de las familias) y un juguito. Ya los niños saciados y tranquilos, la suculenta comida de los adultos puede continuar.

 

“Compren mis burritos”, dice Juan en voz alta para entretener el ambiente, por mientras sirven la comida a los comensales. En la cocina están lentos. –Muchacho, advierte el gordo de los viejos medios de comunicación, jamás olvides ni por un segundo, que por menos sacamos al encargado anterior, un tal Zelaya, es mejor que te calmes o llamamos al “washi” Vásquez Velásquez. –“No me importa que me digan golpista y dejemos el servicio militar obligatorio, pero sólo para los pobres”, dice el “Washi” –Siii, siii, ya te vimos, le responden con desprecio. –Sentate que ahorita no te ocupamos, le responde el hombrón de los medios, mientras enciende el puro. –¡Si señor, si señor! Yo soy obediente y no beligerante, usted sólo ordene.

 

Mientras tanto en la cocina, los toños se roban la esquinita de un jamoncito, las Welsys corren torpemente con las bandejas de papas fritas. ¡Ajá puerco!, así te quería agarrar, regaña Juan acercándose a la cara de un tal Marlon, que lo han encontrado escondido detrás de la estufa marca “UNA”, quedándose con las pajillas ejecutivas, cien botellas de agua y 65 manzanas verdes. –En este restaurante los que robamos somos nosotros, y si hay algo que odio, más que a los comunistas, es a los ladrones. Ahí va el pobre Marlon, diciendo que él hizo lo que le mandaron, tiene miedo y tiene razón de tenerla, un empleado menos y un desempleado más.

 

¡Buenos pues! ¿y esto es “Pizza Hut” o qué? todo está caro, me piden el 20 por ciento como propina al restaurante, tengo restricciones en lo que quiero comer, por todo me quieren dar cargos adicionales, dice molesto el empresario socialmente responsable, –Señor, ahorita le vamos a dar unas obras públicas o un fideicomiso, ¿qué dice?, se apura Juan. –Buenooo, agrégame a la cuenta el fideicomiso de medicinas también. –Claro señor, como usted mande, sólo le recuerdo, no dar pastilla de harina, como los otros. De pronto una mano mugrosa y sucias uñas largas, de un desgraciado, sin dientes, con hambre, enfermo se posa sobre el cristal del restaurante; la mirada de súplica por un poco de comida, ni siquiera es un plato, es solo un poquitito.- Rapidito, pero rapidito, Juan manda al nuevo “washi” a que ponga orden en la calle, y que esa gente, que ya son ocho millones, no incomode con sus miserias a los clientes.- “No vamos a permitir disturbios, haré lo que tenga que hacer”, promete histérico y determinado. 

 

Un Faraj y un Barquero, sentados en la mesa del fondo, pensativos, los hizo reflexionar la mano de aquellos ocho millones de almas andrajosas –Disculpen señores, pero 65 mil millones en corrupción es demasiado, con eso se podrían construir 130 mil escuelas a un costo de 500 mil cada una, o sea, “full”, completas, los desgraciados tendrían más de siete mil escuelas por departamento, no los tendríamos a las puertas del restaurante y podríamos comer tranquilos… Shhhh… el silencio se adueña del “Fast Food”.

 

Explota en risas la mesa callada hasta ahora, la del crimen organizado, silenciosa pero comelona, como el espíritu santo, aunque no se ve, está en todas las reuniones y se queda con el 40 por ciento del menú, les guste o no, y siempre les gusta. Todas las demás mesas le siguen en risas, los verdes, los religiosos, los socialmente responsables y demás asistentes. Después de todo, con esa mesa no se juega, son negocios de verdad. En lo alto, en los plasmas de pared, se oye el anuncio de la última serie de TVC, “Cómo salirte con la tuya en un asesinato”.

 

Siguen y siguen pidiendo en el restaurante, se hartan y entre risas y bromas se escucha al fondo: “Yo quiero las carreteras”, “a mí esa hidroeléctrica, por favor”, y nuestro pequeño Juan mira el reloj, y entre sirve y sirve, apenas le quedan dos años de gracia y sabe que también, será parte del menú en algún momento. Los desdentados rodean el restaurante, a veces se pegan al vidrio y otros que ya ni eso hacen, eso sí, serán llamados en dos años para nombrar al nuevo encargado de tienda, y así seguir la vida, hasta que se den cuenta que de esta franquicia internacional, los dueños no son los cheles, sino ellos. No olvide, usted paga la “democracia”, y es bien cara y secreta. En 2020 costará, según dice doña Gabriela, 74 mil millones de lempiras en corrupción.

Comentarios  

0 #1 Jorge 09-02-2020 01:33
Resumida realidad de Honduras.
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