–¿Y entonces, me trajeron aquí para ver gente bailar?. ¿A qué hora empieza lo bueno?, dice el empresario al lado de la avaricia, la corrupción manda a callar la música y presenta la atracción de la noche, un tal Chinchilla con su obra “La conspiración”.

 

El hombre con un montón de plaquitas de metal en el pecho dice: ¿Y yo qué voy a comer?. –Tranquilo general, exclama la ira. A usted le dimos los tractores y terminaron en las haciendas. –Perooo, yo los cuido de los comunistas, come niños. –Y por eso tiene un presupuesto intocable, general; le aclaran; se sienta y come tranquilo su porción.

 

Reflexión

EL LIBERTADOR

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Tegucigalpa. Muy, muy, muy lejos de las casitas con techos de aluminio, que calientan con el sol y se filtra el agua lluvia; allá donde no se escuchan los gritos de auxilio de una mujer violada en Comayagüela, tan distante del ensordecedor alarido de un niño, que le pide a su padre alcohólico no golpee a su madre, donde no se despiertan a las 4:00 de la mañana para irse en caravanas, ni tampoco la pobreza material hace visita; ahí hay una mansión y dicen que a medianoche se cierran las puertas y nadie sabe lo que ahí pasa. Hasta hoy.

 

 

Nadie llega a la casa del demonio, excepto, si el demonio así lo quiere y los pastores y curas siempre quieren ir; tiene que subir derechito hasta llegar al Hatillo, donde se ubica. Lo conduce una calle sin baches o mucho menos que en la infernal ciudad, el agua siempre es abundante y el olor a pino se filtra por el palacio; antes de llegar deberá pasar un retén y otro y otro, y la casa la cuidan los guardias privados, los públicos, los que llevan los invitados y los perros que muerden y perros que obedecen, difícil saber cuál deja viva a su víctima.  

 

Y por supuesto que hay reglas, todos deben dejar sus máscaras en la entrada con el mayordomo, así la deja el funcionario patriota, se la quita el oenegeista amante de las causas sociales, los cardenales y pastores que no hacen la señal de la cruz al entrar, el empresario socialmente responsable casi la tira a un lado, y así, uno a uno entran a la monumental mansión, esta noche la cena es una sorpresa.

 

¡La decoración es hermosa!. Luces blancas caen desde las hojas de los árboles, las rosas níveas a la derecha y a la izquierda y más a la derecha; cuelgan los enormes telones como hilos fantásticos, una fuente infinita en el centro, los candelabros sobre sus cabezas simulando arañas luminosas, en el enorme salón una mesa de roble de exportación y, sobre ella, yacen vajillas de plata y cristal. Una orquesta en vivo ejecuta las variaciones de “Golberg” de Johann Sebastian Bach. Una ceremonia fantástica. ¡Así se celebra aquí, en la casa del demonio!

 

Esta vez, luciendo un fantástico vestido rojo, viste la dueña de la casa, nada escandaloso, pero muy provocador, y es que así anda siempre la corrupción, seductora, a su lado su consorte el narcotráfico y ambos bailan en el salón y los invitados aplauden y ríen y beben… La envidia se acerca a la señora de al lado.    –Norma, con la nueva cirugía te vez más hermosa que ella, y las Lucrecias se ríen. Al fondo, las anas y rosas enmudecen pues no saben de esas cosas, aunque estén llenas de joyas, mientras piensan… con el nuevo presupuesto me compraré algo mejor…

 

–¿Y entonces, me trajeron aquí para ver gente bailar?. ¿A qué hora empieza lo bueno?, dice el empresario al lado de la avaricia, la corrupción manda a callar la música y presenta la atracción de la noche, un tal Chinchilla con su obra “La conspiración”, se han hecho logros, verdaderamente, importantes en el combate contra la corrupción, comienza Óscar el acto, a quienes hoy conspiran, puedo decirles que esa aventura no será un día de campo y luego en acto de demencia en la cúspide de su papel se llama a si mismo genio. “Me hace recordar esa obra de Mozart y Salieri, donde Salieri envenenó a Mozart porque tenía envidia de su genialidad. Cuidado con la envidia. Fin de la obra. La corrupción con la mano en la barbilla, se emocionó tanto que lloró, la mentira explotó en gritos y tirando el pañuelo blanco. ¡Perfecto! ¡Maravilloso Oscar!. Y la envidia le guiñó el ojo. El periodista al fondo, ya con siete tragos, le decía: “Quiero ver si tienes huevos”, cuando estés “Frente a Frente” a la corrupción.

 

Omar con el botón de la camisa apretado al cuello, en un frenesí fatal: ¡Yo quiero ser funcionario!. ¡Yo quiero ser funcionario! –Sí, sí, ya te escuchamos, Omar, que fastidio, dice el funcionario con pereza, te vamos a regalar el Fonac que tienen fondos bien frescos. ¡Yupiiii! salta Omar y la fiesta puede continuar. Vamos a servir la cena, dice con acento grave el narcotráfico, pero los cardenales y pastores, no se ponen de acuerdo quién va a bendecir la comida, la gula ya no aguanta y Solórzano tampoco. –Damos gracias por los alimentos y amen-.

 

Las puertas de la casa se cierran, los que están adentro son los que comen, ya sin máscaras, somos lo que somos y Honduras es servida a la mesa, inmediatamente el empresario que comparte mesa con la soberbia pide los ríos, el otro las comunicaciones, otra la banca y también se reparten las minas, los mares y hasta el negocio de la pobreza, con la ira al lado. El hombre con un montón de plaquitas de metal en el pecho dice: ¿Y yo qué voy a comer?. –Tranquilo general, exclama la ira. A usted le dimos los tractores y terminaron en las haciendas. –Pero, yo los cuido de los comunistas, come niños. –Y por eso tiene un presupuesto intocable, general; le aclaran, se sienta y come tranquilo su porción.

 

Todos se hartan a Honduras y la lujuria los abraza. –Que buenos muchachos son estos. Un gringo al fondo con una botella interminable les dice: “Yo solo les presto las instalaciones, yo no sé nada, me parece que son democráticos para repartirse Honduras, los felicito. Por cierto, no toquen mis bases militares”. Mientras eso pasa los Juanes, Ebales, Micheletis, Welsis y Toñitos y otros mandaderos de turno, recogen las migajas que caen de los manteles sedosos, lo que se desborda de las mesas pulidas es suficiente para engordarlos. Ya Honduras está repartida y no hay espacio para más.

 

Amanece y el desastre deberá ser limpiado por las empleadas de los señores, ya es tarde, bastante tarde. En la otra Honduras un millón de niños no puede ir ni siquiera a las escuelitas que las sostienen cuatro palos sin paredes; las hijas de los coroneles se visten como marineritas para la “selfie” en los buques inservibles, y los Juanes siguen en las payasadas hasta que toque cambiar. En este momento un nuevo éxodo se prepara para salir y en la casa del demonio no entienden el porqué, si Hondura, sabe tan bien. Buenoo, en la mansión la chusma no importa.

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