La imagen de un ondulante péndulo en los relatos de Poe, es ideal para contar la historia hondureña de los últimos tres meses de “la guerra de los 12 años”, pasa el tiempo y la máquina corta cuellos baja un poco más, su hoja resplandece como nunca y se muestra letal; en las calles una vez más se respira la esperanza de cambio, “¡se van!” –grita un anciano a lo lejos, apoyado del hombro de su nieto– alguien levanta una cruz en honor a los que no verán la tierra prometida.

 

En el lujoso edificio del Centro Cívico Gubernamental, en la oficina de estrategia militar hay seriedad; en otra contigua, la nostalgia es espantosa, los empleaditos apresuran el saqueo, mientras los abusivos –ahora “abusados”– chillan como ratón a medianoche y los teléfonos de agencias gringas envían llamadas a contestadoras, los periodistas se unen al robo porque Hermes voló alto y la justicia venidera promete ser pareja, ni Corte azul, ni Fiscal pitufo.    

 

Por 12 años el pueblo hondureño no importó, y es casi profético pensar que mayor será la indiferencia cuando el péndulo corte la yugular, después de todo “Dios hizo al mundo a su imagen y semejanza, y si no te comes al mundo, él te come a ti”. A Juancito ya se ha visto huir en helicópteros por gritos de un pueblo embravecido, las viejas que en medio oriente gozaron del festín ahora lloran desde la cueva. Tic… tac… tac… tic…     

 

Reflexión

EL LIBERTADOR

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

Tegucigalpa. Los doce años han muerto. Gritos infinitos de jolgorio invaden los rincones del país, las avenidas pintadas por fin con otro color, cortaron valiosas flores, pero no detuvieron la primavera. Algunos lloran, mientras recuerdan a los que no pudieron llegar, los que no soportaron la guerra de los 12 años y las hordas de malnacidos, ya el hondureño puede volver a sentirse orgulloso y aunque la decepción vuelva a caer sobre él, ya entendió su camino, así es como las naciones crecen y se vuelven inmortales. Los pueblos son caprichosos y siguen su propio calendario.

 

Lejos de la alegría, camina el que se creyó imperecedero, que en su mente de mermelada y conejos con reloj en mano, pensó jugaba a ser Dios en el mismísimo trono y que hoy en estas últimas horas del cargo camina despacio y sumergido en sus pensamientos. ¿Qué piensa un hombre frente a la soga? Ignora en su caminar que periodistas amigos, fieles sirvientes y abnegados estadistas corren por el palacio viendo lo que se pueden llevar: un carro, un cuadro, siquiera la vajilla o un par de botas usadas del hombre… los susurros al oído ya no están, ni los guardias, ni el amor. Pobre emperador solitario que deambula por palacio y quizá melancólico con la banda en el pecho y el terror en el alma. Son las horas finales de nuestro reycito, que pequeñito se ve, desde un estadio lleno de personas contentas. Alguien casi por maldad hace sonar “Nocturnes” de Frédéric Chopin.

 

Las viejas ambiciosas ven sobre el hombro –con lágrimas de cocodrilo– la casa que ocuparon por 12 años, deben volver a la madriguera (a esperar el requerimiento fiscal), surcan con el dedo los bordes de los lujosos muebles que el hondureño les pagó y parece que las paredes se descascaran frente a ellas, ese día ni los sirvientes les sirven agua ¿De qué servirán ahora las clases de etiqueta aprendidas en Francia, en uno de esos más de 50 vuelos del reycito? Buscan respuestas a preguntas que no hacen, en los ojos perdidos del emperador en ruina y él tampoco las determina, ya no vive con nosotros, acá vive la vida y allá la muerte, aunque nos parecemos ya no somos lo mismo.

 

Los Marvin, los Omar, los Solórzano y los Anduray, negarán el nombre de su señor diez veces, dirán que no lo conocen, que nunca trabajarían para un dictador y los aún más pequeñitos como los Kilvett correrán bajo el resguardo de la falda de su mujer, que igual temblará, y el seno de sus padres también; los más grandes como Ebalcito dirán que ellos son padres de la patria y se unirán a los libres, liberales o cualquier cosa que tenga un poco de poder y renegarán de su pasado y del nombre del amo.

 

Sobrevolando el estercolero, allá en la ciénaga estarán los anfibios, los de sangre fría y se reunirán: las Ana con sus Lenir y desde esa posición chillarán insultos innombrables con quien les dio negocios siniestros que deberán pagar; mientras los Yusuf con semblante soberbio le dirán al acabado emperador: “¡Actuar! ¡Mientras preso del delirio, no sé ya lo que digo ni lo que hago! Y, sin embargo, es necesario… ¡esfuérzate! ¡Bah! ¿Acaso eres tú un hombre? ¡Eres Payaso! Ponte el traje y empólvate el rostro. La gente paga y aquí quiere reír…” y tendrá que hacerlo, porque los Yufuf saben que, de la justicia, no les caerá ni siquiera en la frente una pluma, y alguien debe morir.

 

Ni la triste trompeta en la balada de Rafael, puede entender el momento del fin, cuando el grito del imputado no lo escuche nadie y los chistes dejen de ser graciosos, cuando desde ahora escucha como murmullo de cucaracha a los suyos buscando el nuevo empleo, la vil llanura lo llamó una momia degenerada que dicen es diputado y otra vez desea serlo. ¿Quién para entender la soledad del poder? Ese Ícaro que quiso tocar el sol y se quemó, cuando los pedazos de niño que aún viven dentro, recuerden que lo único que querían era un caballo y no vivir en el barrio marginal, ni en las aldeas por siempre olvidadas.

 

Las maquinaciones inútiles y trasnochadas que se ejecutan hoy en el Congreso, en las manos ahogadas de los Tomasitos, Maritos y Waleskas serán invalidadas y recordarán cuando los titulares decían “Por corrupción, abuso de poder y…” se les acusa a los que fueron diputados y el Congreso será casa ajena y la cárcel la vivienda próxima. Que espantosa nostalgia, cuando el abusado era el abusador y creía que era poder, aunque fuera solamente un suspiro, “que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son” dijo el poeta Ángel López. Solo vivirá en nosotros el recuerdo de una fotografía profanada por el Photoshop.

 

El engranaje seguirá su orden, los que fueron humillados se unirán a los ambiciosos y tendrán un solo enemigo, los asolapados que agachaban la cabeza cuando eran gritados, vestirán puñales brillantes en las noches más obscuras y las llamadas no servirán ¿Recordás la camiseta de Militar? También se la darán al nuevo y será llamado “comandante en jefe de las Fuerzas Armadas” y sólo cuando el teléfono dice: “Por favor deje su mensaje”, es cuando se comprende que los “americanos” no son amigos de nadie… ¡Cuánta soledad nos deja el poder! No le ponga sentimiento Chiqui, son sólo negocios.

 

Y todo se derrumbará, así como por 12 años el hondureño no importó y fue irrespetado y masacrado por 4,380 días, la caída será celebrada en esa proporción y el monstruo de los mil ojos dirigirá su vista hacia Casa de Gobierno, contra el necio que no entendió el poder.

 

En palabras del intelectual hondureño Víctor Meza “En el auge de su ejercicio, el poder florece y luce interminable. Ya en el ocaso el poder se va evaporando lentamente y escapa de las manos de quien lo ha ejercido y disfrutado durante largo tiempo”. Deberá ser lección aprendida del que ostente el poder. Cariños, no se tomen tan en serio. Besos y abrazos, nos vemos en Navidad.

DESCAGAR EDICIÓN SEPTIEMBRE ¡AQUÍ!

Comentarios  

0 #1 Mario Díaz 11-10-2021 15:35
PUNTUAL Y EXTRAORDINARIO
Citar

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar