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Esta reflexión acerca del aporte de Jaime Rosenthal en la defensa y fortalecimiento de los derechos sociales del pueblo hondureño, fue publicada el 30 de octubre de 2015, tras el cierre de diario “Tiempo”, con título: “Cuando muere un periódico”, Carta del Director de EL LIBERTADOR”.

 

Don Jaime además de fundar “Tiempo” en 1970, también fue cofundador de diario “La Prensa” en 1964, junto a Edmond L. Bográn y Jorge J. Larach.

 

Diario Tiempo fue la excepción a la norma dentro de la nefasta prensa tradicional, durante el golpe de Estado, en 2009 el fundador de Grupo Continental, Jaime Rosenthal, publicó su firme postura frente al crimen constitucional con este título: “Yo no soy golpista”.

 

Jhonny José Lagos Henríquez

Director Fundador

EL LIBERTADOR

 

La nación hondureña estaría de luto si percibiera la brutal dimensión contenida en el cierre de un medio de comunicación que, como diario Tiempo, aun siendo una empresa corporativa creada en 1970 por don Jaime Rosenthal a través del que sería poderoso Grupo Continental, mantuvo cierto gesto informativo durante 45 años que en mucho lo diferenció de la inmundicia de la prensa tradicional.

 

En momentos trágicos de nuestra historia como el golpe de Estado en 2009 y la Guerra Fría en la década de 1980, Tiempo acompañó la indignación, la angustia y las aspiraciones de patriotismo, soberanía y desarrollo de la Honduras del pueblo.

 

Un medio masivo de comunicación que hace periodismo es aquel que no duda en ocupar la primera línea de lucha, a cualquier costo, para defender la Patria, por eso cuando muere por cualquier causa, pierde la población, porque se trata de un activo de propiedad común, porque ha callado un patrimonio social y, si eso no importa a la ciudadanía, menos importa a los que siembran miseria, aborrecen a los pobres y decretan la esclavitud.

 

La sociedad es responsable de cuidar sus medios de comunicación, si no lo hace, no merece estar bien informada y debe cargar la condena de la manipulación que esclaviza la voluntad, que humilla la razón, articulada siempre por grupos del poder local y transnacional a través de sus terroristas mediáticos y sus empresas informativas que dotan de todo financiamiento. La sociedad que no apoya el desarrollo de los medios con función social, no es víctima, es cómplice.

 

En el periodismo el trabajo por el ser humano es una obligación, no una moda, por eso, la ocupación total del tiempo y de la vida de un medio de comunicación, es la más alta expresión del espíritu evolucionado y del carácter firme y excepcional, forjado en el incondicional sacrificio y duro camino que reclama la dinámica de una sala de redacción o un estudio de radio o de televisión cuando son altares de la verdad.

 

Periodismo es llamar los hechos por su nombre, al ladrón ladrón; o se está del lado de los más sentidos proyectos populares o se sirve al poder abusivo. Es estar despiertos cuando todos duermen; acercarnos al peligro cuando todos se alejan; hablar cuando todos temen y callan; salir a la calle cuando todos se encierran; estar lejos de la familia cuando todos comparten fechas especiales; es, asumir la soledad sin pedir premios ni esperarlos; es levantarse una mañana sabiendo que es la última.

 

Esto no es un recuerdo romántico a la liquidación de diario Tiempo el 27 de octubre de 2015, es entrever tras bastidores el plan de absoluto debilitamiento de la oposición ideológica y política por la élite en el gobierno que busca perpetuar el control del Estado hondureño ¿no fue acaso Grupo Continental dueño de esos dos medios, también Canal 11, y del banco que en el pasado proceso electoral fue el mayor acreedor de Libre? que, en efecto, encarna la única amenaza real y el enemigo a vencer en la disputa de la silla presidencial ante los grupos fácticos locales subyugados a los intereses económicos y militares de Estados Unidos.   

 

Diario Tiempo fue la excepción a la norma dentro de la prensa tradicional, durante el golpe de Estado, en 2009 el fundador de Grupo Continental, Jaime Rosenthal, publicó su postura frente al crimen constitucional bajo este título: “Yo no soy golpista”. Todo eso suma a la hora de cobrar la cuenta para un imperio que entre sus monopolios asume la exclusividad del orgullo nacional y la aplicación de la ley.  

 

Si la liquidación forzosa y aseguramiento de Grupo Continental fuera un problema suyo y de Estados Unidos, entonces jamás hubo miles de hondureños trabajando para empresas de la familia Rosenthal, y tampoco los capitales generados por sus operaciones se cuantificaron como 20 mil millones de lempiras aportados cada año a la producción total de la economía hondureña. Sólo un ignorante puede creer que la liquidación de Continental no es asunto que incumbe a Honduras.

 

En cualquier lugar del planeta, cerrar un medio de comunicación se entiende como una pérdida para la ciudadanía, involución de país y derechos humanos, y no admite gestos repletos de pretextos, es y será siempre un ataque a la libertad de ideas, porque en la diversidad ideológica se sustenta la evolución del Estado moderno, al contrario, se entiende como dictadura de Estado.

 

No tiene excusa el Gobierno de Honduras al haber aplicado a raja tabla la confiscatoria norteamericana “Ley Kingpin” que exterminó también a diario Tiempo. ¿Y la soberanía del Estado hondureño para cuidar los intereses de su población como hace EE.UU.? Si el Gobierno no quiere o no puede aplicar el ordenamiento jurídico a nuestro favor como lo hace Washington hasta mas allá de sus fronteras, entonces Honduras no es Estado, es una colonia con una tribu migrante, humanos y territorio, simple definición desde la antropología, somos una reserva salvaje.

 

Como pueblo, sólo nos queda actuar hoy para evitar el colapso de propuestas alternativas como periódico EL LIBERTADOR, el único medio escrito con función social que sobrevivió en los últimos 50 años; por eso deberíamos guardar agradecimiento a Jaime Rosenthal que, aun siendo un burgués neoliberal, permitió que diario Tiempo acompañara a nuestro pueblo en esos momentos nefastos, sobre todo en este país, inundado por un océano de mercenarios que a diario hace fila para la deyección cerebral sobre la vergüenza y desarrollo nacional.      

 

Es imposible que un país acceda a la democracia sin la participación de todos los sectores de la nación, y el horizonte no es alentador para Honduras, ahora quedan únicamente cuatro medios escritos, uno alternativo, EL LIBERTADOR diario digital e impreso mensual y tres tradicionales digitales e impresos El Heraldo, La Prensa y La Tribuna, de éstos, los primeros dos, son propiedad del Grupo Opsa de la familia Canahuati Larach, el mayor obstáculo para la democracia en Honduras, según el exembajador de Estados Unidos, Hugo Llorens.  

 

Como cualquiera suele creerse periodista sin poder siquiera balbucear los límites entre la interpretación y la opinión, no extraña que haya quienes no se sobresalten por la caída de Tiempo. Hay envidiosos y rencorosos que aplauden sin haber arriesgado jamás ni el café matutino, eternamente acomodados a la chamba y al dinero sin preocupación. En la estructura informativa del país, tradicional y aun alternativa, el bruto goza de ciertas licencias, cree que su palabra es dogma. 

 

El político afirma en su ignorancia que lo importante es tomar el control del Estado, desconociendo que el capital con sus medios de comunicación en el siglo XXI no sólo evita que una fuerza llegue al Gobierno, sino que según su intereses bota o sostiene regímenes, eso pasa en parajes como Honduras, donde no son casuales el hambre, la religión embrutecedora y el lumpismo, son estrategias de dominación social. La muerte de un periódico como Tiempo ataca, daña y hunde la nación.  

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