No agrada ver la figura de un hombre de 85 años, entrando a una corte, tomando las palabras de su abogado: “sólo queremos que se defienda en libertad, no representa una amenaza”, enfermo y quizá confundido, pero también arquitecto de esa bestia hambrienta que hoy exige engullirlo.

 

 

Reflexión

EL LIBERTADOR

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Tegucigalpa. El 7 de enero de 2019, cerca de las 9:00 de la mañana frente a la Corte Suprema de Justicia, se detuvo un auto, un equipo de personal médico rápidamente bajo una silla de ruedas, el ocupante es un señor de 85 años, camisa blanca y el acostumbrado reloj en la mano izquierda y un bastón a la derecha; un gesto notorio de desagrado inocuo o de dolor por enfermedades que agobian cuerpo y alma. Sin familia al lado, más que el abogado que peleará por su libertad y los periodistas acosando, el mejor ángulo de la foto y la noticia del día.- En este feudo esta escena pasaría inadvertida si no fuera don Elvin Santos Lozano.

 

La Misión de Apoyo Contra la Corrupción e Impunidad en Honduras (MACCIH), en junio del año pasado destapó un escandaloso acto de corrupción llamado “Pandora”, son más de 38 personas las implicadas y el desfalco de 282 millones de lempiras de la Secretaria de Agricultura y Ganadería (SAG), según la investigación, terminó en las cuentas de partidos políticos. La familia Santos es parte de la trama.

 

El exalcalde capitalino ingeniero Elvin Santos Lozano y gracias a las habilidades administrativas de su esposa Sonia Ordoñez Laffose de Santos construyó un imperio de cemento, del que Elvin Santos hijo, sólo recoge lo que ya sembraron, y lo lleva por los caminos discutibles de negocios con el gobierno hondureño, por cierto, no estuvo ese día al lado de su angustiado padre, como símbolo que asumía la jefatura de la familia y sus yerros. Eso haría un líder de raza pura.

 

El señor Lozano ha vivido en estos días –sin imaginarlo cuando era hombre fuerte— lo que miles de hondureños sufren a diario en la Corte Suprema de Justicia, así como el hondureño impotente por el hambre roba algo que comer o la madre desesperada que busca alimentar a sus hijos, todos, no solo se enfrentan a la temida Temis, sino que se ven expuestos como criminales ante la sociedad.

 

En este caso, no es cuestión de justificar una persona que sea señalada por actos criminales, quien ha cometido un delito debe pagarlo, como exige el dictum del derecho romano “Dura lex, sed lex”, “dura es la ley, pero es la ley”. Y eso es válido solo cuando se aplica de forma igualitaria y ciega (si, por eso Temis tiene o siempre debería tener la venda sobre los ojos y la pesa en la mano).

 

Pero hace tiempo que se aplica una ley selectiva, que muestra sus colmillos y despedaza la libertad de algunos ciudadanos y guiñe el ojo a quien le paga o controla. Hace mucho tiempo que para los jueces los expedientes son sólo papeles y no tienen alma, como sino dependiera de eso el destino de una persona, ¿Cuánto es la mora judicial? Que bien puede ser injusticia e impunidad, a la vez.

 

Tampoco haremos nuestra la frase cobarde que esconde la sonrisa macabra del delincuente que exporta su mala vida a los demás, “todos somos culpables, todos somos corruptos”, no señores, no todos somos responsables de las acciones impropias de un operador de justicia, los culpables son los que han tomado decisiones, los que en los momentos clave decidieron que la justicia tuviera ojos y que se quebrará la espada.

 

Los empresarios que gritaban “cuatro años más”, arengando a una reelección ilegal, hoy se ven asustados, cuando escuchan “hay nuevos requerimientos fiscales”, los políticos que apoyan las injusticias, apenas si la fuerza se los permite mandan un tuiter, ellos son los culpables.

 

Hoy se ven frente a un poder judicial que no obedece al empresario, ni siquiera al poder político, pero tampoco es independiente, lo invito a una breve reflexión, ¿De dónde viene la orden de a quién capturar?, el presidente Porfirio Lobo nos dio una pista busque a los jinetes del apocalipsis y ellos son la justicia en Honduras.

 

Lobo gritó al ver como humillaban a su esposa, que más allá de la chanza vulgar, la mujer fue alimento de distracción político, hoy esos que rieron tienen miedo y deben tenerlo. El expresidente se preguntó “¿Y es que no hay actos de corrupción desde el 2014 para acá?”, el sarcasmo sobra.

 

Claro que no es agradable ver la figura de un hombre de 85 años, entrando a una corte, tomando las palabras de su abogado: “Solo queremos que se defienda en libertad, no representa una amenaza”, enfermo y quizá confundido, pero también construyó esa bestia insaciable que hoy exige engullirlo.

 

La justicia en Honduras es solamente un distractor de los Jinetes que están en casa de gobierno, señores empresarios y políticos teman, porque esa bestia vendrá por ustedes sin clemencia y el pueblo que pudo ser un bastión, nos les interesa sus problemas, se burlan y ríen, además, solo los interesa un “Fuera JOH”.

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