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“Esta vez, todos aquellos que se subieron al carro del golpe de Estado condenando una reelección que nunca han podido probar, esos “patriotas” que señalaban desde el púlpito, los micrófonos y las cámaras de televisión a Zelaya; casi todos, callan de manera cómplice”, sostiene el analista hondureño, Manuel Díaz (foto en texto).

Vivimos momentos interesantes, varios escenarios son posibles en la nueva coyuntura, lo único definitivo, es que será el pueblo hondureño en aras de su propia responsabilidad histórica, quien determinará en el escenario que sea, lo que pasará en Honduras a partir de ahora.

 

Manuel Antonio Diaz-Galeas* 

En 2009, la supuesta reelección del Ex Presidente José Manuel Zelaya Rosales, que promovía para ese entonces el legítimo proyecto de consulta popular denominado “Cuarta Urna”, se convirtió en el argumento central que sostuvo el bipartidismo hondureño para justificar el golpe de Estado contra el gobierno del Poder Ciudadano.

 

 La reelección era un verdadero anatema repudiado por todo el bloque dominante, que en las caras de las figuras más retrógradas de la alta empresa hondureña, el alto clero católico y evangélico, el generalato de las Fuerzas Armadas, las estrellas de la gran prensa, con el respaldo decidido del Departamento de Estado, confesado posteriormente por la candidata derrotada Hillaria Clinton, se movilizaron y salieron a las calles a defender y apoyar el derrocamiento de Zelaya porque éste, según ellos, “se quería perpetuar en el poder”.

 

Este día, 14 de diciembre de 2016, acudimos sin sorpresas, a la consumación de lo que es, salvo equivocación que podrían advertir los historiadores, el más vergonzoso acto de cinismo e hipocresía política jamás visto en Honduras. La candidatura a la reelección del  funesto gobernante neoliberal Juan Hernández es prácticamente, a espera de agotar procedimientos legales de rigor, un hecho consumado.

 

Esta vez, todos aquellos que se subieron al carro del golpe de Estado condenando una reelección que nunca han podido probar, esos “patriotas” que señalaban desde el púlpito, los micrófonos y las cámaras de televisión a Zelaya; casi todos, callan de manera cómplice, y los más desvergonzados incluso, aspiran a cargos de elección popular en las planillas de los movimientos que promueven desde el bipartidismo, la reelección de Juan Hernández.

Hoy, las Fuerzas Armadas quedan expuestas como lo que realmente son, guardia pretoriana del sistema que explota al pueblo que deben defender, las estrellas de los noticieros de las grandes corporaciones ni se ruborizan a la hora de endiosar al hombre que bendecido por la oligarquía busca reelegirse, el COHEP, financistas del golpe, alega que el tema es cuestión que los políticos deben resolver; las iglesias, la mayoría de sus pastores y curas se encuentran ocupados depurando policías, y el Embajador gringo, solo exige que la reelección debe reglamentarse, en claro respaldo del proyecto.

Demás esta argumentar en perspectiva jurídica la ilegalidad de la reelección y lo espurio de la candidatura de Juan Hernández, basta con remitirse a las hemerotecas para recopilar las exposiciones que en tiempos de la “Cuarta Urna” exponían constitucionalistas del bipartidismo como Oswaldo Ramos Soto y otros, para sostener la imposibilidad de la reelección en Honduras bajo la actual Carta Magna.

 

En términos políticos la lección es clara, NADA le será permitido reelección incluida a todo aquel que ose alterar el estado de cosas que concentra en Honduras la riqueza de la Nación en unos pocos, y que pretenda orientar el ejercicio del gobierno a saldar la inmensa deuda social de Honduras; TODO le será permitido, incluso la reelección, a aquel que al servicio de los grandes capitales nacionales y transnacionales profundice el modelo neoliberal y garantice la vigencia del orden establecido, así tenga un prontuario comparable al de los más connotados mafiosos estadounidenses de los años 30.

 

El trasfondo de todo lo ocurrido en Honduras desde 2009 a la fecha, nunca fue la reelección, siempre fue para quien gobernará aquel que se pretende reelegir, al servicio de quien se pone al Estado, si al servicio de los poderosos o de las grandes mayorías desposeídas.

 

Vivimos momentos interesantes sin ninguna duda, varios escenarios son posibles en la nueva coyuntura, lo único definitivo, es que deberá ser el pueblo hondureño en asunción de sus propias responsabilidades históricas, quien determinará en el escenario que sea, lo que pasará en Honduras a partir de ahora, si la reelección sólo será una afrenta más, o si finalmente sus opresores, recibirán una factura en la dimensión que merecen por tantas humillaciones.

 

*Columnista de EL LIBERTADOR.

 

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